La AVCE ha dado un paso al frente en el impulso de la movilidad compartida con la presentación de un decálogo dirigido a los ayuntamientos, en el que detalla las claves para garantizar el éxito del carsharing en las ciudades españolas. Un documento que pone el foco, sobre todo, en cómo maximizar los beneficios operativos, medioambientales y de uso del espacio público para las flotas urbanas de carsharing.
En el actual contexto de transformación de la movilidad y creciente presión sobre la disponibilidad de los espacios urbanos, la Asociación de vehículo Compartido de España subraya de manera especial como los servicios de carsharing no solo contribuyen a reducir la dependencia en nuestra sociedad del uso del vehículo privado, sino que multiplica la eficiencia del parque móvil: frente al uso mucho más limitado que tiene un coche particular, un vehículo compartido puede alcanzar hasta 20 usos diarios en entornos de alta demanda.
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Las 10 claves para que el carsharing funcione en una ciudad
Según la AVCE, para que un servicio de carsharing pueda desarrollarse de manera exitosa en las calles de una ciudad, tanto la compañía que brinde el mismo como los ayuntamientos que faciliten su implantación deberían previamente prestar una atención especial a estas 10 consideraciones:
- Planificar estratégicamente el espacio público
El éxito del servicio depende en gran medida de su ubicación. Las flotas deben desplegarse en zonas de alta rotación, barrios con escasez de aparcamiento y áreas cercanas a nodos de transporte. Una correcta localización permite maximizar el uso del vehículo y mejorar la rentabilidad operativa. - Regular el estacionamiento con criterios claros
Definir dónde y cómo pueden aparcar los vehículos compartidos evita conflictos y mejora la eficiencia del sistema. Para las flotas, contar con reglas claras reduce incertidumbre y facilita la operativa diaria. - Integrar el carsharing en los PMUS
Incorporar el servicio en los Planes de Movilidad Urbana Sostenible permite que actúe como complemento real al transporte público, especialmente en la primera y última milla, aumentando su utilidad para el usuario y su volumen de uso - Dimensionar correctamente la flota
Un análisis previo de la demanda es clave para ajustar el número de vehículos, su tipología y las zonas de operación. Un dimensionamiento adecuado evita infrautilización o saturación, dos factores que impactan directamente en la rentabilidad. - Impulsar la electrificación
Con una mayoría de flotas ya electrificadas, el carsharing se posiciona como palanca para reducir emisiones. Para los operadores, esto también supone ventajas en acceso a zonas restringidas y reducción de costes operativos a medio plazo. - Simplificar los trámites administrativos
Procesos ágiles, digitalizados y homogéneos permiten acelerar el despliegue del servicio. Para las empresas operadoras, esto reduce tiempos de entrada al mercado y facilita la expansión. - Aplicar la normativa V-26
La correcta identificación de los vehículos mediante esta señal específica mejora la gestión del estacionamiento, facilita el control por parte de las autoridades y aporta seguridad jurídica a las flotas. - Monitorizar el servicio con datos
El seguimiento de indicadores como rotación, kilómetros recorridos o incidencias permite optimizar la operativa. Para los gestores de flotas, el dato es clave para mejorar eficiencia y ajustar el servicio a la demanda real. - Fomentar la comunicación con el ciudadano
La aceptación social es determinante. Explicar el funcionamiento, beneficios y normas del servicio contribuye a aumentar su uso y reducir posibles conflictos en el espacio público. - Apostar por la colaboración público-privada
El carsharing es un modelo que requiere coordinación. Mientras los ayuntamientos ordenan el espacio y definen la estrategia, los operadores aportan tecnología, gestión y datos. Esta cooperación es esencial para garantizar la continuidad y escalabilidad del servicio.
Impacto directo en la eficiencia de las flotas
Desde la AVCE destacan que el carsharing no solo contribuye a mejorar la movilidad urbana, sino que también optimiza el uso de los vehículos, reduce costes asociados al estacionamiento y favorece una gestión más eficiente de las flotas.
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Además, su integración con otros modos de transporte permite crear ecosistemas de movilidad más flexibles, donde el vehículo compartido actúa como solución complementaria y no sustitutiva.
En definitiva, el decálogo pone de relieve que el éxito del carsharing no depende únicamente de la tecnología o de la demanda, sino de una planificación previa rigurosa por parte de las administraciones públicas que deben facilitar la implementación del servicio en sus calles.. Un enfoque que, bien aplicado, puede convertir a este modelo en una herramienta clave para mejorar la movilidad urbana y maximizar el rendimiento de las flotas en las ciudades españolas.
