Acelerar la eliminación gradual de los motores de combustión es el objetivo que actualmente trae de cabeza a la Unión Europea. Así, la Comisión Europea planea una pronta eliminación no sólo de su fabricación, también de su venta y su uso mediante nuevas leyes. Y ya planifica hacerlo de la manera más progresiva y efectiva posible a lo largo de los próximos años.
La Comisión Europea quiere eliminar para 2030 el uso de vehículos dotados con motores de combustión en las flotas de vehículos de empresa y de las compañías de alquiler. Una prohibición que incluso podría ser progresiva y comenzar a aplicarse gradualmente a partir de 2027 para facilitar su completa implantación en 2030.
Reducir cuanto antes las ventas ICE
Frente a la cada vez más popular creencia de que Europa podría flexibilizar sus pretensiones de eliminación de los vehículos con motores de combustión interna en su territorio (su venta está ya prohibida a partir de 2035 y su uso desde 2050), la Comisión Europea se plantea, a la vez que permite una prórroga en los objetivos de emisiones a los fabricantes, crear nuevos vetos para impedir o cuanto menos reducir en lo posible la comercialización de vehículos ICE en el continente lo antes posible.
Medios alemanes como la revista Auto Motor und Sport o el diario Bidl am Sonntag informan de que la Comisión Europea ya estaría estudiando la posibilidad de prohibir la compra de vehículos con motores de combustión a las flotas de empresa y de vehículos de alquiler a partir del año 2030. Es decir, a partir de apenas cuatro años y medio los vehículos que las flotas de empresa únicamente podrían adquirir deberían ser exclusivamente eléctricos.
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La normativa que la Comisión Europea ya prepara impediría la venta de vehículos diésel y gasolina, pero también la de modelos híbridos, híbridos enchufables, de gas o de cualquier otra tecnología basada en la combustión del combustible que genere CO2. Tan sólo contemplaría como posibles excepciones y bajo determinadas condiciones aquellos vehículos capaces de usar combustibles sintéticos o biocombustibles para el uso de sus motores.
Se trata de una medida que no es baladí, pues las matriculaciones que las flotas de vehículos de empresa y las flotas de las compañías de alquiler de vehículos llevan a cabo anualmente representan nada menos que cerca del 60% de las que se producen en la Unión Europea todos los años en el mercado de coches nuevos.
Afectaría a la compra, no al uso
En principio, la medida no afectaría al uso de los modelos ICE actualmente disponibles en las mismas, pues la erradicación del mismo se mantendría, tal y como está programada y siempre que no se legislara en contrario, hasta el año 2050.
Los planes de la Comisión Europea contemplan la presentación de estas nuevas medidas y planes de prohibición de los ICE en las flotas con un carácter casi inmediato. En principio, los medios que han informado de este asunto hablan de finales de este mismo verano para la presentación de estas nuevas medidas al Parlamento Europeo para su aprobación y lograr que las mismas se hagan efectivas cuanto antes, de modo que las flotas puedan disponer de ese período de cuatro años para adaptar su composición y funcionamiento al uso exclusivo de vehículos eléctricos lo antes posible.
Importante alteración del mercado
De aprobarse, la medida supondría una importante alteración no sólo de la actual planificación industrial del sector y del mercado del automóvil en la UE, también afectaría notabilísimamente a otros muchos subsectores, como son los del renting o el del alquiler de vehículos, que verían encarecer sus productos y servicios rápidamente dado el fuerte diferencial de precios existente entre los modelos ICE que ahora proporcionan a sus clientes y el de los modelos eléctricos que tendrían que forzosamente proporcionarles… al menos mientras no se deshicieran de los vehículos ICE que actualmente tienen en sus flotas y hasta 2035.
Además, la puesta en marcha de esta normativa también alteraría todas las previsiones en cuanto a la recuperación del valor futuro que las respectivas compañías alquiladoras y operadores de renting y servicios de suscripción han establecido para obtener rendimiento de sus respectivos negocios, lo que sumiría a muchos de ellos en crisis operativas y económicas que, a día de hoy, presuponen graves consecuencias para muchas de ellas.
Los rent a car, doblemente afectados
Y eso sin contar con que a muchos de los clientes del rent a car, tanto los turistas como las propias empresas, el uso de los vehículos eléctricos aún no les convence debido a la complejidad que supone para sus desplazamientos y misiones el tener que programarlos con antelación para adecuarlos tanto a su autonomía como a la posibilidad de disponer de puntos de carga utilizables a su alcance en los momentos adecuados.
Por el momento, la adopción de esta medida está todavía en el aire. La Comisión Europea únicamente ha confirmado estar preparando un nuevo reglamento al respecto, de cuyo contenido no se han desvelado nuevos detalles. Pese a ello, las voces en contra del mismo ya están comenzando a surgir en los distintos países miembros de la UE, dado que consideran que las posibilidades actuales de poder implementar las medidas podrían ser ciertamente escasas y, de hacerlo, los inconvenientes serían máximos para sus respectivas economías.
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De hecho, diputados del Parlamento Europeo como el alemán Markus Ferber (CSU) ya han instado a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a desestimar este tipo de planes de inmediato. Y responsables de la industria del alquiler como Nico Gabriel, director general de la compañía de servicios de alquiler de vehículos Sixt, han comentado la poca practicidad que las mismas tendrían, pues en su opinión “los turistas apenas alquilarían vehículos debido a la falta de estaciones de carga habilitadas para su uso en gran parte del territorio de la Unión Europea”.
Impulso al eléctrico en los VN y los VO
Aun así, desde la Comisión Europea siguen planteándose la aprobación de estas nuevas normativas, dada la importante aceleración que las mismas provocarían en la eliminación gradual de los motores de combustión en Europa teniendo en cuenta la mayor tasa de renovación que el mercado de flotas presenta frente al de los consumidores particulares (mientras que una flota renueva sus vehículos cada cuatro o cinco años, los particulares lo hacen cada ocho años como poco).
Y sus efectos también se dejarían notar en el mercado de vehículos de ocasión, donde además de una mayor disponibilidad de vehículos eléctricos de segunda mano también se produciría un importante y progresivo descalabro de las ventas de modelos ICE de todas las tecnologías, cuyo uso los particulares no podrán prolongar más allá del 2050.