El parque automovilístico en España continúa envejeciendo y evidencia la lenta renovación del mercado. Según el último informe elaborado por Ideauto con datos de la DGT, la edad media de los turismos ha alcanzado ya los 14,6 años, una cifra que confirma la tendencia al alza de la antigüedad del vehículo en el país. Este escenario plantea retos tanto en materia de seguridad vial como de descarbonización.
El estudio impulsado por Anfac muestra que el volumen total del parque móvil ha crecido un 1,3% hasta situarse en 31,7 millones de unidades, pero la renovación sigue siendo insuficiente. Los vehículos con más de 10 años representan ya el 62% del total, mientras que los de más de 20 años suponen el 29,3%, consolidándose como el grupo más numeroso.
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Por su parte, los vehículos electrificados continúan ganando terreno, aunque todavía con un peso limitado. El informe refleja que los modelos PHEV y eléctricos puros han crecido un 50,8% en el último año, alcanzando 746.510 unidades. Sin embargo, su cuota apenas llega al 2,4% del parque total, lo que evidencia que la transición energética avanza, pero a un ritmo aún moderado.
El diésel acapara todavía el 57% del parque
La radiografía por distintivos medioambientales también muestra avances desiguales. Los vehículos sin etiqueta han descendido un 7,8% y se sitúan en 7,75 millones, aunque todavía representan el 24,5% del parque. Por su parte, los modelos con etiqueta Cero son los que más crecen, con un aumento superior al 50%, si bien su presencia sigue siendo testimonial con un 2,3%.
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En cuanto a tecnologías de propulsión, el diésel mantiene su clara hegemonía en España con el 57,1% del parque, pese a experimentar una ligera caida. La gasolina ocupa la segunda posición con el 33,2%, mientras que las alternativas electrificadas continúan ampliando su presencia de forma progresiva.
Desde Anfac advierten de las implicaciones de este envejecimiento. Su director general, José López-Tafall, subraya que la elevada presencia de vehículos de más de 20 años (son más de 9,2 millones) no solo impacta en las emisiones, sino también en la seguridad, debido a la ausencia de sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS) en buena parte del parque.