El nombre Freelander regresa al tablero de juego del automóvil, aunque lo hace de una manera muy diferente a como se presentó en 1997. Entonces se trataba de un todoterreno que comercializó Land Rover con un buen éxito y ahora se presenta como una marca independiente fruto de la colaboración entre Jaguar Land Rover (JLR) y el fabricante chino Chery. Una alianza que combina la experiencia de JLR en diseño y desarrollo de vehículos todoterreno con la capacidad industrial, tecnológica y de electrificación de Chery. El resultado es el Freelander 8, primer modelo de esta nueva marca.

El Freelander 8 se ha concebido para competir en el segmento de los grandes SUV premium, con una configuración de hasta seis plazas, una arquitectura eléctrica de última generación, diferentes soluciones de propulsión electrificada y un equipamiento tecnológico especialmente avanzado. Todo ello sin renunciar a uno de los argumentos que históricamente han definido a la familia Freelander: la posibilidad de combinar el uso cotidiano con las escapadas fuera de carretera.
Muy grande y espectacular
La carrocería del Freelander 8 presenta unas proporciones muy generosas y una imagen muy robusta, en la que sus diseñadores han querido alejarse de una interpretación excesivamente clásica de los SUV aventureros para introducir soluciones estéticas contemporáneas y una personalidad visual propia. Se desmarca con una longitud de 5,1 metros, una anchura de 2,0 metros y una altura de 1,92 metros, mientras que la distancia entre ejes alcanza los 3,0 metros, cotas que lo sitúan directamente entre los grandes SUV del mercado.

La carrocería sigue una filosofía estética denominada Castle Body Design, basada en una combinación de una zona inferior visualmente sólida y una parte superior más ligera. Un planteamiento que se consigue mediante unos pasos de rueda muy marcados, superficies musculosas, una línea de cintura elevada y una zona acristalada que contribuye a aligerar visualmente el conjunto. También incluye detalles muy especiales, como el denominado Iconic Triangle Window, una ventana triangular trasera que rinde homenaje al Freelander original.

En el frontal destacan los grupos ópticos de diseño geométrico, las superficies limpias y una interpretación moderna de los elementos tradicionales de los vehículos todoterreno. La zona posterior mantiene esa misma personalidad, con una configuración vertical y una imagen que refuerza la sensación de anchura y robustez. El conjunto se completa con unas espectaculares llantas de hasta 22 pulgadas.
Importante apuesta digital para seis pasajeros
El habitáculo es otro de los grandes protagonistas del Freelander 8. Su interior ha sido desarrollado para ofrecer una experiencia propia de un SUV premium, con especial atención al espacio disponible, la calidad de los materiales, el confort de los ocupantes y la integración de las nuevas tecnologías. En principio, se ofrecerá con una configuración de tres filas de asientos con sitio para seis pasajeros. En cuanto a los materiales, el Freelander 8 apuesta por acabados de gran calidad con tapicería de cuero Nappa y elementos de madera seleccionada.

Pero lo que más llama la atención en este lujoso modelo es su dotación digital, comenzando por una pantalla panorámica de 46,3 pulgadas con resolución 8K que se extiende a lo largo de 1,2 metros denominada Surround View Gallery, en la que se integran funciones como la navegación, los sistemas de asistencia, el estado de los sistemas todoterreno o la meteorología. A ella se suma una pantalla central táctil de 15,6 pulgadas y otra de 17,3 para los pasajeros traseros, pantalla que va instalada en el techo y está destinada a proporcionar contenidos multimedia durante los desplazamientos.

La plataforma informática de este nuevo Freelander 8 recurre a procesadores Qualcomm de última generación. Se trata de una plataforma de altas prestaciones destinada a gestionar los diferentes sistemas electrónicos, la conectividad y las funciones de inteligencia artificial. A todo esto hay que sumar una dotación de avanzados sistemas de seguridad y de asistencia a la conducción, entre las que destaca aquella que permite gestionar las maniobras de aparcamiento y funciones de aproximación del vehículo mediante control remoto y fuera del coche.
Electrificación de altas prestaciones
El sistema de propulsión es, probablemente, el apartado que mejor representa la nueva filosofía del Freelander 8. La marca ha apostado por una gama de soluciones electrificadas que permiten combinar prestaciones elevadas, autonomía para desplazamientos cotidianos y capacidades suficientes para afrontar recorridos complicados fuera del asfalto.
Este sistema de propulsión con tecnología híbrida enchufable (PHEV) combina el funcionamiento de un motor de gasolina de dos litros con dos electromotores que permiten disponer de tracción total y gestionar de manera independiente la entrega de par en ambos ejes. La potencia total del sistema es de 620 CV.

La parte electrificada de este sistema híbrido enchufable, con una arquitectura eléctrica de 800 V, se completa con una batería LFP (litio-ferrofosfato) con una capacidad de 34 kWh capaz de brindar un rango de uso en modo eléctrico de 110 km. La autonomía total anunciada es de 886 kilómetros.
La batería admite cargas rápidas en corriente continua. Si bien no se ha comunicado la potencia total de carga, sí que la marca ha adelantado que se puede recuperar del 20% al 80% de su capacidad en unos 20 minutos.

Muy interesante es su capacidad todoterreno, y en esto el sistema i-ATS (Intelligent All-Terrain System) se proclama como principal protagonista. Se ha desarrollado con la participación de Huawei y permite seleccionar diferentes programas de conducción en función de la superficie sobre la que se circula. A esto hay que añadir el sistema de suspensión neumática adaptativa, que permite modificar la altura de la carrocería, permitiendo que el coche pueda tener una altura de vadeo de 900 mm.
