La movilidad corporativa española ha dejado de ser un asunto reservado al gestor de flotas. El coche de empresa sigue siendo protagonista, sí, pero el tablero de juego ha cambiado: regulación europea, electrificación, descarbonización, presión ESG, costes crecientes y nuevas expectativas laborales están obligando a las compañías a rediseñar su estrategia de movilidad casi desde cero.
Eso es, precisamente, lo que refleja la 18ª edición del Observatorio de Movilidad de Arval España, núcleo clave del Arval Mobility Observatory 2026 que dibuja un escenario en plena aceleración donde las flotas corporativas pasan de ser un simple activo operativo a convertirse en una herramienta estratégica en las políticas empresariales de cumplimiento, sostenibilidad y competitividad.
El gran cambio: las flotas pasan al centro de la política europea
Durante años, Bruselas ha centrado buena parte de su presión regulatoria en los fabricantes; ahora, el foco apunta directamente a las empresas. Y todo cambia porque la Comisión Europea considera que las flotas corporativas son la vía más rápida para acelerar la descarbonización del parque móvil dado que ellas solas concentran el 60% de las matriculaciones de turismos nuevos y hasta el 90% de las correspondientes a furgonetas ligeras en el mercado europeo.
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Y ese cambio de mentalidad se traduce en consecuencias inmediatas como el nuevo paquete europeo de automoción —aún pendiente de aprobación definitiva—, que introduce objetivos progresivos para que las grandes compañías incrementen la presencia de vehículos eléctricos en sus renovaciones. Así, a partir de 2030, el 36% de las nuevas matriculaciones corporativas deberán ser vehículos eléctricos puros, porcentaje que escalará hasta el 64% en 2035.
La lectura es clara: la electrificación ya no es solo una cuestión reputacional o fiscal. Empieza a convertirse en una obligación estructural.
La Ley de Movilidad Sostenible cambia las reglas del juego
En este mismo sentido, España tampoco se ha quedado quieta. La nueva Ley de Movilidad Sostenible supone probablemente el mayor cambio regulatorio para las empresas desde la generalización de las políticas de coche corporativo.
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Una nueva normativa que viene a obligar a las compañías con más de 200 trabajadores —o más de 100 por turno— a disponer de un Plan de Movilidad Sostenible al Trabajo antes de diciembre de 2026.
Y aquí está una de las claves del nuevo paradigma: el concepto de movilidad empresarial se amplía mucho más allá del vehículo. Así los nuevos planes a desarrollar deberán contemplar cuestiones relativas a los desplazamientos diarios de empleados, su movilidad activa, el transporte y los desplazamientos colectivos, el teletrabajo, la movilidad activa, transporte colectivo, teletrabajo, recarga eléctrica, seguridad vial, e incluso compensación de huella de carbono. En otras palabras: la movilidad entra oficialmente en el terreno del compliance corporativo.
El renting consolida su liderazgo
En este contexto, el renting sale reforzado. Así lo refleja el Barómetro de Flotas Corporativas 2026 de Arval, donde el 47% de las compañías españolas ya utiliza el renting como principal fórmula de financiación de sus flotas y que la cifra crecerá hasta el 56% en los próximos tres años.
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La razón es bastante lógica. En un mercado marcado por la incertidumbre tecnológica, la presión normativa, la creciente necesidad de flexibilidad y la elevada volatilidad de los costes, las empresas buscan reducir en lo posible sus riesgos operativos y financieros. Además, conviene no olvidar que el renting está desempeñando un papel decisivo en la renovación del parque. España sigue teniendo una edad media de 14,6 años en su parque de vehículos, siendo esta una de las grandes anomalías estructurales del mercado nacional a corregir.
Electrificación: más intención que realidad
Sobre el papel, la transición avanza. Según el Barómetro, las empresas españolas prevén que las energías alternativas representen el 58% de sus flotas de turismos dentro de tres años. Los eléctricos puros lideran claramente esa evolución ya que hasta el 50% de las compañías afirma que apostará por vehículos BEV en ese horizonte temporal.
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Pero la realidad cotidiana sigue siendo más compleja. El Observatorio detecta que persisten importantes reticencias entre los conductores corporativos, especialmente por su desconocimiento de la realidad. De hecho, el 47% reconoce no saber cuánto cuesta realmente recargar un vehículo eléctrico. Un dato ciertamente importante, pues explica bastante bien uno de los grandes problemas actuales del mercado: la tecnología avanza más rápido que la cultura de uso.
La infraestructura sigue siendo el gran cuello de botella
En todo caso las compañías parecen tenerlo claro: sin red de recarga no habrá transición masiva. Por esta razón, el 90% de las empresas ya desarrolla o prevé desarrollar estrategias propias de carga para sus flotas.
Esta es precisamente una cuestión especialmente sensible, porque las nuevas normas europeas empiezan a penalizar soluciones consideradas “de transición”, en concreto la de los híbridos enchufables, que con la entrada en vigor de la Euro 6e-bis han visto endurecerse sus homologaciones de emisiones y elevarse notablemente sus cifras oficiales de CO2. Algunos modelos prácticamente duplican o triplican sus registros anteriores.
El efecto puede ser determinante, ya que puede producir la pérdida de ventajas fiscales, el incremento de los impuestos que se les aplican así como un fuerte desplazamiento estratégico de su demanda, inclinándola en favor de los modelos eléctricos puros.
El coste total de propiedad vuelve al centro del debate
Y aunque la sostenibilidad sigue dominando el discurso habitual en el sector, el verdadero motor de muchas de las decisiones que se vienen adoptando sigue siendo el económico.
Según los datos del Barómetro de Flotas Corporativas de Arval, el principal reto identificado por los gestores de flotas es el de la contención del coste total de propiedad (TCO), a los que es necesario poner freno. Esto no es extraño, pues las empresas con flotas conviven hoy con una inflación que todavía permanece muy elevada, con la persistente incertidumbre energética, importantes cambios fiscales que anticipan otros en ciernes y una cada vez mayor presión regulatoria. Factores a los que hay que añadir la transición tecnológica que de manera simultánea han de afrontar.
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En este contexto, la gestión de flotas se vuelve mucho más sofisticada. Ya no basta con negociar cuotas o descuentos de volumen. Ahora entran en juego las nuevas soluciones que deben adoptar en materia de telemática, análisis de datos, control de emisiones, gestión energética, para garantizar la máxima optimización posible de sus operativas.
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La movilidad entra en RR.HH.
Así, uno de los mensajes más interesantes del estudio de Arval también es probablemente el menos visible. Y este no es otro que el de que la movilidad corporativa empieza a convertirse en una cada vez más fuerte herramienta de atracción y fidelización de talento para la compañía. Hasta el 62% de los empleados considera importantes las ofertas de movilidad que reciben a la hora de elegir empleador.
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Un dato que está empujando a muchas organizaciones a explorar nuevas fórmulas complementarias de remuneración al empleado basadas en la oferta adicional de presupuesto de movilidad, parking flexible, renting para empleados, así como de soluciones multimodales o incentivos ligados a la movilidad sostenible.
El coche de empresa deja así de ser un beneficio aislado para integrarse en una estrategia global de experiencia de empleado.
China acelera el cambio
Y mientras Europa legisla, el mercado se transforma a velocidad récord. El informe AMO 2026 destaca un dato especialmente significativo: las marcas chinas ya alcanzan el 10,5% de cuota en España. Un logro que han conseguido gracias a una más que acertada combinación de precios competitivos, fuerte apuesta por la oferta eléctrica en sus gamas y una realmente rápida capacidad de reacción industrial para adaptarse a las necesidades del mercado, que está alterando profundamente el equilibrio competitivo existente en el sector.
Para las flotas corporativas, todo ello se traduce en más oferta, mayor presión sobre los precios vigentes y nuevas alternativas en segmentos donde hace apenas cinco años prácticamente no existían competidores asiáticos relevantes.
Un sector que entra en otra dimensión
Así, el gran mensaje que traslada Observatorio de flotas corporativas 2026 de Arval es probablemente el de que la movilidad corporativa ya no puede seguir gestionándose a la manera tradicional habitual considerándola como la aplicación de una simple política de coches.
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Hoy, las flotas corporativas se han convertido en un auténtico cruce de caminos en donde confluyen aspectos tan importantes a considerar como la sostenibilidad, la regulación, la tecnología, los costes, la energía y el consumo que de ella se hace, la fiscalidad, los datos y su adecuado tratamiento; y, de manera muy especial, el tratamiento, control, seguridad y formación de las personas vinculadas a ellas. Y todo ello sin olvidar que esto ocurre, además, en un momento en el que es preciso llevar a cabo un muy importante proceso de transformación acelerada.
Según se desprende de la lectura del Barómetro de Flotas Corporativas del AMO 2026, la pregunta a responder ya no es si las empresas tendrán o no que adaptarse a todo ello. La verdadera cuestión a dilucidar es la de saber qué compañías serán capaces de convertir esa transición en ventajas competitivas y cuáles llegarán tarde a un cambio que ya está redefiniendo el negocio de la movilidad corporativa en Europa.