El control de combustible de las flotas de transporte se ha convertido en una cuestión cada vez más relevante para su rentabilidad. El encarecimiento del precio del gasóleo ha elevado su peso en la estructura de costes de los vehículos industriales y ha aumentado la importancia de comprobar que cada litro pagado corresponde realmente al consumo de un vehículo.
Para cruzar los repostajes registrados con las tarjetas de combustible, el consumo real y la ubicación de cada unidad, especialistas en la gestión de flotas como Mobilsafe proponen utilizar las herramientas telemáticas disponibles en el mercado.
El consumo de gasóleo o de energía representa una de las principales partidas de gasto para una empresa de transporte. Sin embargo, el control de combustible no siempre alcanza el mismo nivel de precisión que se obtiene en el seguimiento de otros costes de explotación.
Control de combustible consumido vs combustible adquirido
Para las empresas con flotas corporativas, conocer cuánto se ha pagado mediante el uso de una tarjeta permite registrar las operaciones, pero no garantiza que todo el carburante adquirido haya terminado realmente en el depósito del vehículo al que la misma estaba asignada.

Y esta diferencia adquiere mayor importancia cuando, como sucede en el momento actual, el elevado precio de los combustibles o las energías que impulsan a las unidades de la flota aumenta progresivamente y eleva los TCOs, reduciendo los márgenes de las empresas.
Según estimaciones aportadas por Mobilsafe, el coste del combustible representaba en enero de este año 2026 el 27,5% del coste anual de un vehículo articulado de carga general, mientras que en abril de este mismo año su participación había ascendido al 36,2%.
Las cifras facilitadas por la compañía especialista en gestión de flotas situaban el coste anual medio estimado de este vehículo en 43.764 euros durante el mes de enero, cantidad que ascendió a 66.089 euros en abril.
Una clara evolución al alza que evidencia el fuerte impacto que el encarecimiento energético tiene sobre la actividad del transporte, y que obliga a las compañías a revisar continuamente sus mecanismos de control del gasto.
Lo que se paga no siempre coincide con lo que se consume
Para los técnicos de Mobilsafe, el problema no se limita al precio del combustible. También afecta a la trazabilidad de los repostajes y a la posibilidad de detectar operaciones irregulares, utilización indebida de tarjetas o diferencias entre los litros adquiridos y los realmente consumidos por cada vehículo.
Mobilsafe plantea como solución aplicar una regla de control sencilla: si un camión consume 10.000 litros, no debería registrar compras por 15.000 sin que exista una explicación para esa diferencia. Los litros que no aparecen reflejados en el consumo deben siempre ser objeto de comprobación.

Para ello, la solución telemática que ofrece permite cruzar la información de las tarjetas de combustible con la de los litros consumidos por cada vehículo. Un rápido sistema de verificación del gasto que también permite comprobar dónde se realizó cada operación y contrastar esa ubicación con la posición real del camión en el momento del repostaje.
De esta manera, las discrepancias entre las compras registradas, el consumo y la localización del vehículo pueden convertirse en alertas para la empresa. El objetivo que se persigue con ello es detectar los posibles usos fraudulentos de las tarjetas, los repostajes que no corresponden al vehículo asignado o cualquier otra anomalía que termine repercutiendo en la cuenta de resultados.
Un fraude de 68.000 euros en una flota de transporte
La importancia de estos mecanismos de supervisión queda reflejados en ejemplos como el de un caso real registrado en una empresa de transporte croata entre septiembre de 2025 y enero de 2026.
Dos tarjetas de combustible sustraídas a la compañía fueron utilizadas fraudulentamente en hasta 136 operaciones de repostaje. En las mismas, en total se cargaron aproximadamente 54.000 litros de gasóleo en hasta 84 vehículos diferentes, lo que supuso unas pérdidas estimadas a la compañía de 68.000 euros.
El ejemplo muestra cómo el uso fraudulento de tarjetas puede prolongarse y generar un grave perjuicio a la flota durante numerosas operaciones antes de que la empresa detecte el problema. Un sistema de gestión eficaz debería permitir contrastar los litros facturados con los consumos registrados y la ubicación de los vehículos para facilitar lo antes posible la identificación de estas irregularidades.
Cada punto porcentual tiene un coste
Controlar el impacto económico de los gastos inapropiados de combustible también facilita el poder dimensionar adecuadamente el ahorro potencial que puede representar una mejor gestión de los repostajes.

Tomando como referencia los 66.089 euros de coste anual estimado en abril para un vehículo articulado, el 1% equivaldría a unos 661 euros por vehículo y año. Si aplicamos esta cantidad a una flota de 50 unidades, la diferencia alcanzaría aproximadamente los 33.000 euros anuales.
Por este motivo, Mobilsafe recomienda comenzar por tres medidas de gestión: revisar trimestralmente las tarjetas activas y los permisos asociados a cada una; establecer límites de importe, litros, número de operaciones, países y estaciones de servicio; y comparar mensualmente, vehículo por vehículo, los litros adquiridos con los consumidos.
Actuaciones todas ellas que permiten reforzar el control interno de los costes que soporta la flota sin necesidad de tener que esperar a que aparezca una incidencia o una desviación significativa en los gastos.
Del ahorro de combustible a los CAE
Esta optimización del consumo de las unidades de la flota tiene, además, una segunda dimensión económica que está directamente relacionada con los Certificados de Ahorro Energético (CAE) y los beneficios que los mismos pueden repercutir en la empresa.

Y es que, la reducción efectiva del consumo de combustible puede generar ahorros energéticos susceptibles de certificación, siempre que las actuaciones cumplan con los estrictos requisitos establecidos por el sistema de CAE y puedan acreditarse conforme a su metodología.
La secuencia, por tanto, comienza con la medición y el control del consumo, continúa con la identificación de ineficiencias y la aplicación de medidas correctoras y, cuando se cumplen las condiciones exigidas, puede finalmente culminar en la obtención de los corresponidentes certificados.
Bajo el actual escenario de costes energéticos elevados, el control de combustgible de la flota el combustible deja por tanto de ser únicamente una tarea administrativa asociada a las tarjetas de pago para convertirse en una herramienta con la que proteger los márgenes de explotación, mejorar la eficiencia de las flotas y aprovechar las oportunidades económicas derivadas del ahorro energético.
