La evolución de Hertz en el último lustro bien merece el calificativo de montaña rusa. La alquiladora estadounidense llegó a declararse en bancarrota en 2020 paralizada por la pandemia de la Covid y estrangulada por una deuda cercana a los 20.000 millones de dólares, y dos años después lograba los mayores beneficios de su historia, al cerrar el ejercicio 2022 con un resultado neto superior a los 2.000 millones de dólares. Y con cientos de miles de coches eléctricos adquiridos o comprometidos con fabricantes como Tesla, Polestar o General Motors. ¿El objetivo? Crear la mayor flota de VE en alquiler en Norteamérica.
La visión estratégica de sus por entonces dirigentes, con Stephen Scherr a la cabeza, no coincidió en absoluto con las necesidades de los clientes. Los eléctricos no se alquilaban. Así, en 2023 ya vio cómo sus ganancias descendían en picado desde el tope máximo marcado el año anterior, nada menos que hasta un 70% para un total de 616 millones de dólares. Al menos todavía en números negros… hasta el puñetazo en la cara recibido el pasado ejercicio. El diagnóstico de la dirección fue que el remedio a los males sufrido pasaba por una operación de defleeting de activos de cero emisiones, que se ha visto culminada este pasado año: hasta 30.000 eléctricos han encontrado otro destino lejos de la flota de alquiler de Hertz.
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Rozando los 3.000 millones en pérdidas
La pérdida de valor de estos vehículos ha arrasado con la cuenta de resultados en 2024. La multinacional norteamericana ha comunicado que saldó el ejercicio arrojando unas pérdidas de 2.862 millones de dólares, consecuencia directa, principalmente, de sus mayores costes. Un 35,2% de carga adicional sobre 2023, al pasar de 9.085 a 12.286 millones de dólares en este apartado contable, dentro del cual destaca el crecimiento del 77% (o 1.500 millones de dólares más) en los costes por depreciación de vehículos y gastos de arrendamiento, hasta 3.611 millones de dólares. Y si observamos la partida de ganancias por la venta de sus vehículos (eléctricos y de combustión), en un mercado de segunda mano estabilizándose ya, la compañía pasó de 16.806 millones de dólares a 12.714 el año pasado, es decir, un 24,3% menos por esta vía.
En las altas esferas de la compañía asumen este momento como un punto de inflexión. «Como un negocio de importantes activos con un amplio alcance global, tenemos la escala y la experiencia para liderar la industria de nuevo. Los cimientos que construimos en 2024 nos posicionan para ejecutar nuestra transformación en 2025, y confío en nuestra capacidad para ofrecer un valor sostenible a nuestros clientes, empleados y accionistas», asegura Gil West, CEO de Hertz.

El ejecutivo, que tomó las riendas de las empresa en marzo del año pasado, añade en el comunicado en el que se anuncian los resultados del ejercicio que «nuestro enfoque en 2024 fue estabilizar el negocio e implementar cambios fundamentales para transformar nuestra empresa», y no evita eludir la cuestión de los vehículos al manifestar que «estamos convirtiendo nuestra flota en una ventaja empresarial con una estrategia integral que nos permitirá operar de forma más eficiente, al tiempo que mejoramos la elección de vehículos para nuestros clientes».