Con el fin o la no renovación del Plan Moves a comienzos de año empezamos a escuchar más sobre ellos. Por entonces, el impulso al vehículo eléctrico en nuestro país se veía amenazado por la interrupción de las subvenciones públicas, instrumento que, tal y como ha demostrado la experiencia en un buen número de mercados europeos, más avanzados que el nuestro en esta transición, resulta esencial para impulsar el despegue de la demanda de cero emisiones. No obstante, los fabricantes automovilísticos, siempre rápidos de reacciones, encontraron otra herramienta, una alternativa también vinculada en cierta manera al ámbito de la Administración, para seguir atrayendo compradores de VE a través de incentivos: los descuentos CAE.
Lo cierto es que no han tenido demasiado eco entre los conductores y los gestores de flota, tal vez por la falta de una adecuada comunicación, por no contar con un respaldo generalizado por parte de todas las marcas o bien por lo reducido de las cuantías a percibir en comparación con el Moves. Y es que de los 7.000 euros (incluido achatarramiento de un vehículo de combustión) por la adquisición de un turismo eléctrico y hasta los 9.000 por una furgoneta también libre de emisiones que se pueden conseguir acogiéndose a aquel, los descuentos por los Certificados de Ahorro Energético (CAEs) se están moviendo entre los 800 y los 1.000 euros. La única condición, haber adquirido un vehículo cien por cien eléctrico en sustitución de uno de combustión en activo y en propiedad del titular desde hace al menos un año.
No es mucho el importe a descontar, cierto, pero en su haber se anota dos puntos importantes. En primer lugar, que con carácter general la financiación de actuaciones de eficiencia energética cuyos ahorros terminen convertidos en CAEs son compatibles con otros programas públicos de ayudas o subvenciones, como pueda ser el Moves o cualquier otro similar que ponga en marcha una comunidad autónoma. Y segundo, que el incentivo se aplica directamente en el momento de la compra, sin las largas esperas, de años incluso, a las que nos tienen acostumbrados los Planes Moves. Y todo ello con la gratificación de que estamos realizando nuestra particular contribución a la sostenibilidad de la movilidad, responsable de cerca del 30% del consumo energético final en España.
Dirigiendo ya el foco hacia las flotas corporativas, las que están invirtiendo en este tipo de soluciones están consiguiendo un doble beneficio, pues a la vez que contribuyen a la consecución de sus objetivos de sostenibilidad están recuperando parte de la inversión realizada para ello. Y sumemos otra ventaja adicional para las empresas: el descuento generado por la compra de nuevos vehículos eléctricos se aplica directamente en el precio de los mismos, cosa que no sucede con el cliente particular, a quien se le retiene una parte para el pago de impuestos.
Pero sabemos que cerca de la mitad de las compañías españolas gestiona sus vehículos mediante la modalidad de renting —alcanza un peso del 47,7% en el canal empresa en el acumulado hasta agosto, según datos de la Asociación Española de Renting de Vehículos (AER)—, de modo que esta opción de financiación también figura expresamente recogida en el Real Decreto 36/2023, de 24 de enero, por el que se establece el sistema de Certificados de Ahorro Energético.
La sustitución de vehículos de combustión por unidades eléctricas puras es una de las cinco líneas de actuación —recogidas en fichas técnicas— que conforman originariamente el catálogo de medidas estandarizadas de eficiencia energética definido por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) para el sector del transporte. Pero no la única a la que pueden acogerse las empresas con flotas buscando estos ahorros a través de los CAEs, pues prácticamente se podrían beneficiar de todas o casi todas ellas. Por un lado, con la instalación de sistemas de telemetría y geoposicionamiento en los vehículos. También con la sustitución de los neumáticos de sus vehículos a motor por otros de mayor eficiencia. Otra vía remitiría a las soluciones de movilidad colaborativa urbana y metropolitana para sus empleados. Y, tal vez menos accesible, el uso de vehículos compartidos en trayectos de largo recorrido.

Las analizaremos en este reportaje de la mano de expertos de cada ámbito, a excepción de la sustitución de neumáticos, de la que nos dicen que se encuentra como en stand by por las dificultades que entraña verificar qué neumáticos han sido reemplazados realmente.
Pero hay que dejar claro que el ámbito de actuación no se cierra aquí, pues la normativa deja abierta a las empresas la posibilidad de presentar sus propios proyectos singulares generadores de CAEs mediante planes de medida y verificación específicos, como podrían ser proyectos de movilidad empresarial, logística urbana o electromovilidad.
Reducción de cuota en las flotas de renting
El desarrollo de los Certificados de Ahorro Energético está todavía en una fase muy primigenia, casi en pañales podríamos decir, por lo que todavía sobrevuelan ciertas dudas tanto para las empresas que pueden facilitar y gestionar estas actuaciones sobre las flotas, como para aquellas que finalmente capitalizarán los ahorros generados.
En el caso de los vehículos adquiridos mediante la modalidad de renting, ya sean turismos o vehículos comerciales cien por cien eléctricos, el Real Decreto establece que el propietario del ahorro de energía final será aquella «persona física o jurídica de naturaleza pública o privada que lleve a cabo la inversión de la actuación de eficiencia energética con la finalidad de obtener un ahorro de energía final, para sí mismo o para un tercero, bien aquella a la que le ha sido cedido el ahorro generado por dicha actuación».
Por lo tanto, en un contrato de renting será la operadora la que tenga la consideración de titular del ahorro de energía —a diferencia de una operación de leasing financiero, donde el titular sería el usuario final— ya que ha sido la que ha llevado a cabo la inversión de la actuación en eficiencia energética, si bien el 15 de julio entró en vigor el criterio que determina que el propietario del ahorro deberá justificar que traslada parte del ingreso por la venta de los ahorros a los clientes que demandan los productos que le generan los ahorros energéticos.
Y en estas está, precisamente, una de las grandes del arrendamiento a largo plazo, Arval, que quiere replicar en nuestro país la oferta de Certificados de Ahorro Energético que ha desplegado en Francia a través de una alianza estratégica con la energética Vertigo. En el momento de la elaboración de este reportaje los clientes españoles de la operadora de BNP Paribas aún no podían disfrutar de este servicio porque, tal y como reconoce Antonio Frutos, product manager de Vehículo Eléctrico de Arval España, faltan por concretar ciertas aspectos, entre ellos cómo se va a repercutir ese ahorro al cliente.
Cabe la opción de seguir la fórmula matemática incluida en la ficha del MITECO, que permite calcular el ahorro de energía, expresado en términos de kWh/año, en base al consumo del vehículo de combustión que va a ser sustituido y al del eléctrico que lo reemplace. Pero parece que en Arval los pasos se dirigen más hacia la estrategia de los fabricantes de aplicar un importe directo fijo, bajo la pretensión de que «todos los clientes pudieran beneficiarse del mismo tipo de descuento siempre que contraten un VE», explica Frutos.
Dichos descuentos podrían oscilar entre los 600 y los 1.000 euros distribuidos a lo largo del contrato, en línea igualmente con las campañas de las marcas por la compra de un eléctrico en sustitución de uno de combustión, si bien el product manager de la operadora remarca la importancia en el caso del renting de que «el cliente no tenga que preocuparse de ningún tipo de gestión ni de tributar por ello, pues simplemente recibirá ese CAE como si fuera un descuento en su cuota».
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Como condición, los vehículos de combustión sustituidos deberán dejar de ser propiedad de la empresa de renting, por lo que esta se vería obligada a venderlos a la finalización del contrato para que se produzca un cambio de titularidad. No es necesario achatarrar, pero tampoco se podrían aprovechar para un producto de renting de usados. Y la actuación tiene, además, carácter retroactivo, por lo que abarca toda la sustitución de flota protagonizada por vehículos eléctricos matriculados después del 25 de enero de 2023, siempre y cuando no hayan sido ya generadores de ahorro del sistema CAE.
Pero como empresa ya de servicios de movilidad, Arval no se queda solo en la sustitución de los vehículos que componen la flota corporativa. Contando en sus filas con un producto como Arval Connect, también se está estudiando cómo se pueden generar ahorros a sus clientes a través de la línea de telemetría y geoposicionamiento, mientras que con el servicio de carpooling Arval Sharing se explorarían los posibles beneficios de la movilidad colaborativa de los empleados. Pero como decíamos, está todo en fase de definición y desarrollo.
No es el caso de Leasys, que ha tomado la iniciativa entre las operadoras de renting ofreciendo una bonificación directa de 900 euros al suscribir un contrato de renting de cualquier vehículo 100% eléctrico de su oferta comercial por un período mínimo de 24 meses.
Comportamiento al volante
Otra opción más económica y accesible para las empresas a la hora de monetizar sus actuaciones de ahorro energético, totalmente compatible con la anterior, remite al ámbito de la telemetría. En este caso, no se exigen los grandes desembolsos económicos que suponen la adquisición o el renting de nuevos vehículos puramente eléctricos, por lo que resulta una alternativa de lo más viable para aquellas flotas que decidan mantener sus unidades de combustión para la realización de sus operativas.
En el momento de la realización de este reportaje solo dos empresas, Geotab y Webfleet, están certificadas —no como sujetos delegados— para gestionar estas actuaciones según los criterios establecidos en la ficha del ministerio, tal y como nos indica Gabriel García, Strategic Partner Manager Iberia Bridgestone Mobility Solutions, matriz de Webfleet, quien lamenta que esta iniciativa no haya calado mucho en el mercado: «Es algo raro porque lo que puede pasar en el peor de los casos es que el ahorro sea mínimo o no llegues a ahorrar, pero no hay una penalización. Si ahorras te pagan, es muy interesante», comenta.

Igual que con los vehículos eléctricos es altamente viable reducir los costes operativos en términos de combustible/energía, en el caso de la telemetría también se conseguiría un ahorro por partida doble. Por un lado, la capitalización de los CAEs generados; por otro, el propio ahorro de combustible que propician estas soluciones de gestión de flotas basadas en los datos. La lógica nos dice que una gran parte de las empresas ya emplea estos sistemas desde antes de enero de 2023, pero García nos da la clave para poder beneficiarse de esta actuación: «Hay muchas empresas que han incorporado la telemetría, pero no tienen contratados los avisos en cabina, que no es algo muy habitual».
El representante de Bridgestone alude a un requisito específico de esta ficha. Porque además de exigir la disponibilidad o la implantación de un sistema telemático inalterable conectado al vehículo para la recogida de datos de la centralita y su posterior presentación, el MITECO también exige que dicho sistema deberá poder interactuar en tiempo real con el conductor y con el gestor de flotas sobre los parámetros definidos de conducción sostenible (aceleraciones, giros y frenazos bruscos, límites de velocidad, tiempos de ralentí, etc) mediante un sistema de alertas visuales y/o acústicas para poder modificar el estilo de conducción de los conductores y poder reducir tanto el uso de combustible como las emisiones CO2. De modo que esta nueva inversión en el sistema de alertas al conductor sí sería susceptible de generar certificados de ahorro.
García explica que se realizan mediciones por un periodo de 45 días para registrar el estilo de conducción de los conductores y su consumo. Posteriormente, se activan los avisos en cabina y se vuelven a hacer mediciones durante otros 45 días. De la comparación entre la situación inicial y la posterior sale el ahorro conseguido, que se extrapola a un año. También hay que verificar los kilómetros recorridos, para lo que se cuenta con los informes de la ITV o bien con los datos de la propia telemetría si es un vehículo nuevo que todavía no tiene que someterse a la inspección.
Esta actuación, apunta Gabriel García, ofrece un mayor potencial en las flotas de camiones, en las que se podrían conseguir ahorros anuales, en función de a cuanto se pague el CAE, de entre 1.500 y 3.000 euros por vehículo y año. Además de esta reducción de los costes operativos en un área estratégica como es el combustible, en Webfleet consideran que la telemetría promueve una mayor eficiencia energética mediante el análisis de la actividad de los vehículos y favorece la seguridad vial mejorando el comportamiento del conductor al volante.
Movilidad compartida: un incentivo para los empleados
Aunque no se acabe traduciendo en un impacto económico directo, los CAEs generados por la movilidad colaborativa urbana pueden resultar muy beneficiosos para las empresas con flotas en términos de incentivo para los empleados y herramienta de sostenibilidad. Porque en esta línea de actuación el ahorro energético derivado del uso compartido de los vehículos lo monetiza el que lo genera, esto es, el empleado/conductor, y no la compañía que lo dota de ese vehículo para satisfacer sus necesidades de movilidad en el desempeño de su labor profesional.
«Es un sistema óptimo porque al final se genera un win-win para todos», afirma Andrea García, COO y cofundadora de Tribbu, la nueva denominación de la plataforma de servicios de coche compartido antes conocida como Hoop Carpool, hasta ahora la única certificada por el ministerio en esta línea de carpooling. Reconoce García que ya vienen trabajando con muchas empresas que cuentan con flotas de renting para sus empleados y que pretenden que esos coches se puedan optimizar ocupando más asientos diariamente.Y ahora refuerzan su propuesta con el incentivo extra de los CAEs.

Para la empresa es fundamentalmente eso, «una manera de incentivar a sus empleados sin necesidad de invertir económicamente en ellos», explica la ejecutiva. Y para el conductor, el uso compartido del coche de empresa se traduce en una inyección de 4 céntimos de euro por kilómetro recorrido y por pasajero, que vendrían a sumarse a esos 1.800 euros de ahorro anual medio que está generando la plataforma a cada usuario.
Otra ventaja es que su implantación no supone ningún tipo de labor de gestión o planificación, pues es la propia aplicación la que se encarga de buscar a los usuarios que pueden compartir trayectos y horarios.
Aunque sí que puede establecer el requisito de que los vehículos de su flota sean compartidos únicamente con personas de la misma organización. «Son iniciativas muy fáciles de implementar», asegura Andrea García. Basta un software de carpooling, que se puede implementar de una forma estandarizada pudiendo llegar a ser gratuito, o bien de una manera personalizada, creando una comunidad dentro de la plataforma y otorgándole a la empresa un panel de control con todas las métricas de sus empleados.
En cuanto al perfil del potencial cliente, lo más habitual, explica la COO de Tribbu, es que se trate de empresas de las afueras con más dificultades en cuanto al acceso al transporte público, aunque también caben las corporaciones más grandes ubicadas en el centro de las ciudades con problemas, por ejemplo, de gestión del parking. Además de brindar la posibilidad de contratar a personas que no dispongan de vehículo propio y ahorrar plazas de aparcamiento, el servicio de carpooling también contribuiría a reducir la huella de carbono de la empresa y a cumplir con los planes de movilidad sostenible a los centros de trabajo que entrarán en vigor cuando se acabe aprobando la Ley de Movilidad Sostenible.
García tiene plena confianza en esta iniciativa: «Creo que es un sistema muy bien planteado. No hay más que ver lo bien que ha funcionado en Francia, y lo mismo va a pasar en España». Tanto es así, que la compañía considera a los CAEs como un «impulso importantísimo» para su negocio, para el que proyectan la realización de un millón de viajes compartidos durante los próximos 12 meses, multiplicando por cuatro los que han venido realizando durante el último año.