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Fuertes críticas políticas en Estados Unidos contra la alianza entre Ford y Geely que garantizará el futuro de Almussafes

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El acuerdo entre el fabricante estadounidense Ford y el grupo chino Geely, que permitirá producir cinco nuevos modelos en la planta valenciana a partir de 2028, comienza a generar críticas en Washington. Aunque Ford defiende la operación como una necesidad para competir en Europa, el creciente enfrentamiento comercial y tecnológico entre Estados Unidos y China amenaza con convertir la factoría española en un nuevo escenario de la rivalidad geopolítica entre las dos grandes potencias.

La alianza estratégica alcanzada entre Ford Motor Company y Geely Auto para fabricar vehículos multienergía en la planta de Almussafes ha abierto un nuevo frente político en Estados Unidos. Apenas unas horas después del anuncio oficial del acuerdo, varios representantes políticos estadounidenses ya han cuestionado públicamente que uno de los principales fabricantes norteamericanos comparta producción y desarrollo industrial con un grupo automovilístico chino, en un momento marcado por el endurecimiento de las relaciones comerciales y tecnológicas entre Washington y Pekín.

Fuertes críticas al acuerdo en los EE.UU.

Aunque no existe, por el momento, ninguna actuación oficial de la Administración estadounidense dirigida a bloquear la operación, el creciente debate político refleja hasta qué punto la industria del automóvil se ha convertido en uno de los principales escenarios de la competencia estratégica entre ambas potencias.

El presidente del Comité Mixto de la Cámara de Representantes americana sobre el Partido Comunista Chino, John Mooliner ha emitido hace unas horas un comunicado en el que critica duramente a Ford por el acuerdo alcanzado con Geely, dado que considera que el mismo «ayuda a Pekin a dominar las cadenas de suministro automotrices».

Además, Mooliner reprocha a la marca del óvalo el que a la vez que busca protección en los Estados Unidos frente al avance de los fabricantes chinos en su mercado doméstico, colabore abiertamente con ellos en el mercado exterior. Mooliner ha denunciado igualmente que además el acuerdo supone una puerta abierta para que china disponga y utilice la tecnología americana introducida en la planta de Almussafes.

Una situación que se produce justo en el momento en el que la Administración Trump acaba de incrementar los aranceceles comerciales a 61 países, España entre ellos, por no introducir en su legislación las medidas necesarias para prohibir el comercio con aquellos países que, como es el caso de China, llevan a cabo politicas de esclavitud laboral en sus industrias.

Un acuerdo industrial con dimensión geopolítica

La empresa conjunta anunciada por Ford y Geely va mucho más allá de la fabricación de nuevos vehículos. La futura sociedad, participada en un 66 % por Ford y en un 34 % por Geely, permitirá transformar la planta valenciana en un centro europeo de producción de vehículos de bajas y cero emisiones destinado exclusivamente al mercado europeo. La producción arrancará en 2028 con cinco modelos: el actual Ford Kuga, un nuevo Bronco compacto, un crossover multienergía desarrollado conjuntamente y dos SUV eléctricos de Geely.

Ford is investing more than $870 million to build the next-generation Kuga medium-sized SUV in Valencia, Spain

Sin embargo, el contexto internacional ha convertido este proyecto industrial en un asunto que trasciende el ámbito empresarial. Y es que, para parte del estamento político estadounidense resulta difícil aceptar que un fabricante histórico como Ford recurra a un grupo chino para reforzar su competitividad en Europa, especialmente cuando Washington mantiene una política de creciente distanciamiento económico respecto a China.

La incertidumbre comercial añade presión al proyecto estratégico

La controversia política que comienza a rodear la alianza entre Ford y Geely coincide, además, con un nuevo endurecimiento de la política comercial de Estados Unidos. La Administración estadounidense acaba de anunciar esta misma semana un nuevo paquete de medidas arancelarias que afecta a decenas de socios comerciales, entre ellos la Unión Europea, dentro de su estrategia para reforzar la protección de la industria norteamericana y presionar a sus socios comerciales en materia de cadenas de suministro y trabajo forzoso.

Aunque estas medidas no están dirigidas específicamente contra el acuerdo entre Ford y Geely, sí contribuyen a incrementar el clima de incertidumbre que se vive actualmente en las relaciones comerciales entre Estados Unidos, Europa y China.

En este contexto, cualquier eventual presión política de la administración Trump sobre Ford para revisar su alianza con Geely se sumaría a un escenario internacional caracterizado por el aumento de las barreras comerciales, el endurecimiento de los aranceles y la creciente competencia geoestratégica entre las principales economías mundiales.

Para la planta de Almussafes, la operación tiene un valor que trasciende la fabricación de nuevos modelos. Representa la garantía de continuidad de uno de los principales centros industriales del automóvil en España, asegura carga de trabajo durante la próxima década y preserva el tejido de proveedores que depende de la factoría valenciana.

Precisamente por ello, cualquier decisión que pudiera alterar el desarrollo de la empresa conjunta tendría consecuencias que irían mucho más allá de Ford y Geely. Afectaría a miles de empleos directos e indirectos, a la competitividad de la industria española de automoción y a la disponibilidad futura de vehículos electrificados fabricados en Europa para operadores de renting y gestores de flotas.

Ford defiende la alianza

Por su parte, la compañía estadounidense ha respondido a las críticas argumentando que el mercado europeo presenta unas condiciones competitivas completamente distintas a las del mercado norteamericano. La fuerte presión de costes, el avance tecnológico de los fabricantes chinos, la exigente regulación europea en materia de emisiones y la necesidad de acelerar el desarrollo de nuevas plataformas conforma un escenario en el que compartir inversiones y capacidad industrial para seguir siendo competitivos resulta del todo imprescindible para garantizar la competitividad de la factoría y de la propia marca en Europa.

La colaboración con Geely permitirá a Ford incrementar la utilización de la planta de Almussafes, reducir costes de fabricación y ampliar su oferta de vehículos electrificados para Europa sin por ello comprometer la identidad de su marca.

Almussafes, en el centro de la nueva estrategia industrial

Para España, el acuerdo entre ambas compañías representa una de las mejores noticias industriales de los últimos años, pues la alianza establecida viene a garantizar la continuidad de la factoría valenciana en un momento en el que su actividad dependía prácticamente de la producción del Ford Kuga: el acuerdo suscrito asegura una importante carga de trabajo a futuro para una de las principales plantas automovilísticas del país.

Además de consolidar miles de empleos directos, el proyecto también aporta estabilidad a toda la industria auxiliar valenciana, integrada por cientos de empresas dedicadas a la producción de componentes, logística, ingeniería y servicios industriales.

Precisamente, este importante impacto económico es el que explica el respaldo mostrado por el Gobierno español al proyecto, considerado un elemento estratégico para reforzar el peso industrial de España dentro de la nueva automoción europea.

Geely gana una puerta de entrada a Europa

La operación también supone un paso decisivo para la estrategia internacional del fabricante chino. Disponer de capacidad de producción dentro de la Unión Europea permitirá a Geely fabricar directamente para el mercado comunitario, reducir costes logísticos y adaptarse con mayor facilidad al nuevo marco regulatorio europeo, además de disminuir su dependencia de las exportaciones desde China.

La decisión confirma una tendencia cada vez más evidente: en lugar de limitarse a exportar vehículos, los grandes grupos chinos apuestan por producir en Europa mediante alianzas con fabricantes ya implantados.

¿Puede afectar la tensión política al proyecto?

Por el momento, nada indica que las crecientes críticas políticas americanas al acuerdo vayan a alterar el calendario previsto. La empresa conjunta continúa pendiente únicamente de las autorizaciones regulatorias correspondientes y mantiene su objetivo de iniciar la actividad durante el primer semestre de 2027 con el fin de comenzar la producción de los nuevos modelos un año después.

No obstante, habrá que seguir vigilantes, pues la creciente tensión entre Estados Unidos y China introduce un factor de incertidumbre que conviene no ignorar. Cualquier endurecimiento adicional de la política comercial estadounidense hacia las empresas chinas que el mismo suponga podría aumentar la presión sobre Ford y condicionar las futuras decisiones estratégicas del grupo.

Una noticia que también afecta al renting y a las flotas

Desde la perspectiva del renting y de la movilidad empresarial, la estabilidad del proyecto también resulta especialmente relevante. La producción nacional de nuevos modelos electrificados garantiza una mayor disponibilidad de vehículos para el mercado europeo, reduce la dependencia de importaciones procedentes de Asia y puede favorecer una mayor estabilidad en los plazos de entrega, un aspecto especialmente valorado por operadores de renting y gestores de flotas desde las disrupciones sufridas durante los últimos años.

Además, la continuidad de Almussafes como gran centro industrial incrementa las posibilidades de disponer de una red posventa sólida, un suministro más eficiente de recambios y unos valores residuales más consistentes, factores que influyen directamente en el coste total de utilización de las flotas.

En definitiva, el acuerdo entre Ford y Geely ya no constituye únicamente una operación industrial. Se ha convertido en un símbolo de la nueva automoción global, donde la competitividad obliga a colaborar incluso entre fabricantes de países enfrentados geopolíticamente. Y, precisamente por ello, el futuro de Almussafes podría depender no solo del mercado, sino también de la evolución de las relaciones entre Washington y Pekín.

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