131 euros frente a nueve. Esta es la diferencia media entre las ventajas tributarias obtenidas por los SUV y coches de gran tamaño con motores de combustión tradicional frente a sus equivalentes eléctricos registrados como complemento salarial en las empresas, según un informe de la asociación ecologista Transport & Environment (T&E) que toma como base los seis principales mercados automovilísticos europeos, incluido el español.
Una situación calificada como «anomalía» por dicha entidad y que explicaría que el canal corporativo no esté liderando la adopción del vehículo eléctrico en nuestro país y que vayamos a la cola del tren europeo de la movilidad eléctrica. Con datos de Dataforce, T&E remarca que en el primer semestre del año el peso de los vehículos eléctricos entre los clientes particulares de la Unión Europea se situó en un 13,8%, superando el 12,4% registrado en el canal corporativo; brecha que se multiplica en España, donde los hogares matriculan un 6,2% de modelos cero emisiones frente al 3,7% de las empresas.
La asociación vuelve a incidir en el hecho de que la fiscalidad actual no están logrando elevar los niveles de electrificación de las flotas corporativas. En su último informe se pone el foco sobre los grandes SUV, aquellos que se sitúan por encima del segmento C, que se otorgan como complemento salarial. Y la principal conclusión es que al trabajador o directivo le sale más rentable decantarse por una opción de combustión que por otra eléctrica. En este último caso, advierte el informe, resultaría más ventajoso recibir un aumento salarial para adquirir el vehículo a título privado.
Como ejemplo, T&E toma como modelo típico de la retribución en especie el BMW X3. Su rentabilidad para el empleado se cifra en 70 euros anuales si se disfruta por esta vía que si se adquiere de forma particular. Por contra, con su variante eléctrica iX3 dejaría de percibir 500 euros. «Este escenario se repite con los SUV y coches de gran tamaño más populares, que en España representan el 45% de los vehículos obtenidos como retribución en especie. De hecho, cuanto mayor es el coche, mayor tiende a ser la diferencia», explica la asociación en un comunicado.
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Ante esta situación, Óscar Pulido, responsable del programa de electrificación de flotas de T&E en España, aboga por modificar la fiscalidad aplicada a estos vehículos, elevando el descuento actual del 30% para los vehículos eléctricos en la retribución en especie y al mismo tiempo suprimiendo el 15% y 20% de ayuda que otorga a muchos vehículos de combustión, dependiendo de su tipología, siguiendo el paso de Reino Unido, donde se desincentiva a los coches de combustión en todos los segmentos.
Solo 100 millones
No obstante, los subsidios que se conceden en nuestro país a los vehículos diésel y gasolina concedidos como complemento salarial mediante esquemas de retribución en especie, contemplando el beneficio en especie, amortizaciones por depreciación, deducciones de IVA y tarjetas de combustible, apenas alcanzan los 100 millones de euros, a años luz de las cifras de otros mercado como el italiano (16.000 millones) y el alemán (13.700 millones). La razón de que estos beneficios sean casi inexistentes radicaría, según T&E, en el elevado valor que se atribuye al vehículo al concederlo por la vía del salario, de modo que apenas disfrutan de ventajas tributarias respecto a los adquiridos de manera privada.
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«Los aún enormes beneficios fiscales que reciben los coches de combustión obtenidos como complemento salarial en muchos países de Europa son uno de los grandes subsidios fósiles y deben desaparecer», sentencia Pulido.