Fundación MAPFRE, Fundación Bidafarma, la DGT y el Consejo General de Colegios Farmacéuticos han dado a conocer un estudio sobre “Fármacos y Conducción” que alerta de que el 34% de los conductores se pone al volante bajo los efectos de medicamentos que pueden alterar sus capacidades para conducir. Para las empresas con flotas corporativas, detectar y prevenir este tipo de comportamientos debe convertirse en una prioridad dentro de sus políticas de seguridad vial y prevención de riesgos laborales.
La seguridad vial en las empresas suele centrarse en aspectos como el mantenimiento de los vehículos, la formación en conducción eficiente, el uso del cinturón de seguridad o el control de la fatiga. Sin embargo, existe un factor de riesgo mucho menos visible que, según los expertos, podría estar detrás de entre el 5% y el 10% de los siniestros de tráfico: la conducción bajo los efectos de determinados medicamentos.
El problema no reside únicamente en el consumo de estos fármacos, sino en la escasa percepción del riesgo que tienen los propios conductores. El estudio ‘Fármacos y Conducción’, elaborado por Fundación MAPFRE y Fundación Bidafarma en colaboración con la Dirección General de Tráfico (DGT), el Consejo General de Colegios Farmacéuticos y la consultora Salvetti Llombart, revela una realidad especialmente preocupante para cualquier organización cuyos trabajadores utilizan vehículos durante su jornada laboral: uno de cada tres conductores reconoce conducir mientras toma medicación susceptible de afectar a sus capacidades al volante, pero apenas un 3% identifica espontáneamente esa circunstancia como un riesgo antes de iniciar un desplazamiento.

Basado en una investigación realizada sobre más de 1.700 conductores españoles de entre 18 y 64 años, el informe pone de manifiesto la importante brecha existente entre el conocimiento teórico y el comportamiento real de los automovilistas. Aunque la mayoría sabe que determinados medicamentos pueden afectar a la conducción, muy pocos modifican realmente sus hábitos cuando comienzan un tratamiento.
Un nuevo reto para la gestión de las flotas
Para muchas compañías, los vehículos corporativos son una herramienta de trabajo imprescindible. Comerciales, técnicos, repartidores, responsables de mantenimiento o directivos realizan miles de kilómetros cada año al volante de los vehículos corporativos que componen sus flotas.
En este contexto, cualquier disminución de la capacidad de atención, de los reflejos o del tiempo de reacción representa un importante riesgo no solo para el trabajador, sino también para el resto de usuarios de la vía y para la propia organización.
La preocupación aumenta cuando los datos muestran que el 75% de los conductores habituales ha tomado medicamentos potencialmente incompatibles con la conducción durante los últimos tres años y que un 34% admite seguir conduciendo mientras los consume.
![]()
Para un gestor de flotas, esta realidad debería incorporarse al mismo nivel que otros factores de riesgo ampliamente controlados, como el alcohol, las distracciones, el uso del teléfono móvil o la fatiga. La seguridad vial laboral ya no puede limitarse al estado del vehículo; debe contemplar también las condiciones físicas y cognitivas del conductor.
La falsa sensación de seguridad
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la enorme diferencia existente entre el conocimiento del riesgo y el comportamiento real de los conductores. Aunque el 83% considera que determinados medicamentos pueden resultar peligrosos para conducir, solo un 26% asegura extremar realmente las precauciones cuando inicia un tratamiento, situando la medicación muy por detrás de factores como la lluvia, la conducción nocturna o el cansancio dentro de su «check mental» previo a conducir.
Y aún resulta más preocupante comprobar que el 61% de quienes toman medicación cree que ésta apenas afecta a su capacidad para conducir, pese a que casi la mitad reconoce haber sufrido síntomas como somnolencia, fatiga, pérdida de reflejos o disminución de la atención durante el tratamiento.
Lejos de dejar de conducir, la respuesta más habitual consiste simplemente en reducir la velocidad o intentar conducir con más precaución, una medida que los especialistas consideran insuficiente cuando existen alteraciones cognitivas o psicomotoras derivadas de determinados tratamientos.
Mucho más que ansiolíticos o somníferos
El estudio también desmonta una de las falsas creencias más extendidas entre los conductores: pensar que no solo los ansiolíticos o los medicamentos para dormir pueden afectar a la conducción.
En realidad, numerosos tratamientos de uso cotidiano, como antihistamínicos, antigripales, relajantes musculares, antitusivos o incluso determinados productos naturales destinados a favorecer el descanso, pueden provocar somnolencia, ralentizar la capacidad de reacción o disminuir la atención al volante. A ello se suma el creciente fenómeno de la polimedicación y la combinación de distintos tratamientos, capaz de multiplicar estos efectos.
La empresa también tiene un papel preventivo
Aunque la responsabilidad última corresponde siempre al conductor, las empresas y los gestores de flotas tienen cada vez más margen para actuar desde sus programas de prevención y las políticas de movilidad segura.
![]()
Del mismo modo que muchas organizaciones ya desarrollan programas específicos sobre conducción eficiente, alcohol, drogas, fatiga o distracciones, la influencia de los medicamentos debería incorporarse de forma natural a las políticas de movilidad y prevención de riesgos laborales.
No se trata de invadir la privacidad del trabajador ni de conocer sus tratamientos médicos, sino de generar una cultura preventiva que anime a consultar con médicos y farmacéuticos cuando un tratamiento pueda afectar a la conducción y facilite que el propio empleado comunique cualquier limitación temporal en la conducción para realizar desplazamientos profesionales con seguridad.
Durante la presentación del estudio, Eva Arranz, responsable de Prevención y Seguridad Vial de Fundación MAPFRE, resumió el principal desafío al afirmar que «el gran reto no es tanto informar, sino conseguir que ese conocimiento se traduzca en cambios reales de comportamiento». En su opinión, la medicación debería formar parte del mismo chequeo mental que cualquier conductor realiza antes de iniciar un viaje, junto al consumo de alcohol, el descanso o las condiciones meteorológicas.
En la misma línea, Montserrat Pérez, subdirectora adjunta de Formación y Educación Vial de la DGT, recordó que conducir exige mantener intactas las capacidades psicofísicas y que cualquier tratamiento que pueda alterarlas debe ser valorado con la misma responsabilidad que el resto de factores de riesgo asociados a la conducción.
La prevención comienza, precisamente, antes de arrancar el vehículo. El estudio señala que la consulta médica y la dispensación en farmacia son los momentos más eficaces para transmitir estos mensajes preventivos gracias a la confianza que generan estos profesionales sanitarios, aunque las empresas también pueden desempeñar un papel decisivo a través de la formación de sus trabajadores.

En este sentido, Rita de la Plaza, presidenta de Fundación Bidafarma, destacó el valor de la farmacia comunitaria como punto clave para informar y sensibilizar a los ciudadanos, mientras que Manuela Villena, tesorera del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, recordó la importancia del asesoramiento farmacéutico para que los pacientes conozcan cómo puede afectar su tratamiento a la conducción antes de ponerse al volante.
Detectar comportamientos de riesgo previos a los accidentes
Para los responsables de flotas resulta especialmente relevante identificar determinados patrones que pueden alertar sobre un posible problema. Conductores que manifiestan somnolencia frecuente, disminución de la concentración, pequeños incidentes repetitivos o dificultades para mantener la atención durante trayectos largos pueden estar experimentando efectos secundarios asociados a tratamientos farmacológicos.
Integrar estas situaciones dentro de las evaluaciones periódicas de riesgos, reforzar la formación sobre medicamentos y conducción o incluir este aspecto en las campañas internas de seguridad vial puede contribuir a reducir la siniestralidad y mejorar el bienestar de toda la plantilla.
![]()
No hay que olvidar que muchos empleados utilizan indistintamente el vehículo de empresa y su vehículo particular. Por ello, fomentar hábitos seguros trasciende el ámbito laboral y repercute directamente sobre la seguridad vial del conjunto de la sociedad.
Transformar el conocimiento en hábitos
El informe concluye que el gran reto no consiste tanto en informar como en conseguir que esa información se traduzca en cambios reales de comportamiento. Actualmente existe una brecha de 26 puntos entre conocer el riesgo y adoptar conductas preventivas, diferencia que alcanza los 51 puntos entre quienes siguen conduciendo mientras toman medicación.
Los expertos consideran necesario que la medicación y sus consecuencias pase a formar parte del mismo proceso mental que cualquier conductor realiza antes de iniciar un viaje, del mismo modo que ya comprueba si ha consumido alcohol, si está suficientemente descansado o si las condiciones meteorológicas aconsejan extremar las precauciones.
![]()
Para las empresas, incorporar este mensaje dentro de sus políticas de movilidad segura representa una oportunidad para seguir avanzando hacia una auténtica cultura preventiva, donde la seguridad no dependa únicamente del vehículo o de la infraestructura, sino también del estado físico y cognitivo de quienes se sientan cada día al volante.
Más allá de sus cifras y resultados, el estudio pone de manifiesto que la seguridad vial laboral ya no puede centrarse únicamente en el vehículo o en la infraestructura. El conductor sigue siendo el elemento decisivo de la movilidad y, por tanto, también deben formar parte de las políticas preventivas aspectos como su estado físico, psicológico y farmacológico. No existe una seguridad vial para las empresas y otra para el resto de los conductores: existe una única cultura preventiva cuya aplicación resulta especialmente relevante para quienes gestionan personas y flotas de vehículos.
![]()
En un momento en el que las empresas invierten cada vez más en reducir la siniestralidad vial y proteger a sus trabajadores, incorporar el riesgo asociado al consumo de determinados medicamentos constituye un paso lógico hacia una movilidad corporativa más segura, saludable y responsable. Porque prevenir un accidente comienza mucho antes de girar la llave de contacto: empieza siendo conscientes de que las condiciones en las que nos ponemos al volante son tan importantes como el vehículo que conducimos.