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Los elevados costes de tener coche en propiedad empiezan a cambiar las reglas del juego de la movilidad en España

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El coste de mantener un automóvil empieza a modificar la relación de los conductores con la propiedad del vehículo. Uno de cada dos propietarios ya se plantea compartir su coche en propiedad y alquilarlo cuando no lo utiliza para compensar buena parte de los gastos que le genera. Una encuesta revela que el 40% de los automovilistas consideran que el automóvil supone una carga importante para su economía y hasta un 68% indican que disponer de coche en propiedad les genera un gasto mensual superior a 200 euros.

Los datos proceden del estudio sobre hábitos de movilidad y uso del coche en España elaborado por Amovens y dibujan un escenario de creciente sensibilidad hacia el coste efectivo que significa disponer de un vehículo en propiedad. Y si bien el dato todavía no indica un abandono de la propiedad, sí que muestra una mayor disposición social a combinar fórmulas de acceso y utilización compartidas de los automóviles.

El informe de Amovens indica que uno de cada dos propietarios ya se plantea poner en alquiler su vehículo particular cuando no hace uso de él. Una muestra más del interés creciente que en España hay por recurrir al modelo de pago por uso que proponen servicios como los de renting, suscripción, alquiler y otras fórmulas de acceso para poder disfrutar de movilidad frente al que ofrece actualmente el tradicional modelo de coche en propiedad. Un efecto que se viene produciendo de un tiempo a esta parte por el considerable aumento de los costes que deben afrontar los propietarios de vehículos para poder usarlos y mantenerlos.

La evolución resulta especialmente relevante para un sector de la movilidad en el que conviven modelos cada vez más diversos: renting, alquiler de corta duración, suscripción, carsharing, alquiler entre particulares y otras fórmulas de pago por uso.

El problema ya no es solo comprar el coche

La presión económica asociada al automóvil no se limita al precio de adquisición. Según Amovens, los gastos imprevistos son la principal preocupación para el 69,2% de los propietarios, por delante del coste mensual del vehículo, citado por el 43,2%, y de las crecientes regulaciones, con un 32,8%.

Además, el 40% considera que el coche representa una carga importante para su economía, mientras que el 68% asegura afrontar un gasto mensual superior a los 200 euros.

En este contexto, la propiedad empieza a analizarse también desde una perspectiva de utilización. Según indica el estudio de Amovens, los vehículos de uso particular permanecen estacionados más del 95% del tiempo, pese a que el 62% de sus propietarios afirman utilizarlos diariamente. Y existe otro dato significativo: el 60% de los encuestados también aseguran que podrían adaptarse a vivir sin coche durante una semana.

La combinación de ambos factores —coste elevado y un nivel de utilización relativamente reducido— explica el aumento del interés de sus propietarios por obtener algún rendimiento de un activo que permanece inmovilizado durante buena parte de su vida.

El coche como activo, no solo como gasto

Y aquí aparece uno de los cambios más interesantes que puede experimentar en el futuro el mercado. El propietario ya no contempla necesariamente el automóvil únicamente como un bien que genera gastos, sino también como un activo cuyo uso y rendimiento puede optimizar.

Para ello, el alquiler entre particulares constituye una de las vías más rápidas de poder hacerlo. El propietario mantiene el coche para sus necesidades y puede ponerlo a disposición de otros usuarios durante los periodos en los que realmente no lo necesita, obteniendo así interesantes ingresos que contribuyan a compensar los costes de propiedad que tiene que asumir.

La propia propuesta de Amovens podría incluso aplicar esta misma lógica a los vehículos contratados en renting, dado que las compañías operadoras podrían ofrecer contratos para particulares, autónomos y empresas que permitieran —igualmente bajo su control— alquilar los vehículos a terceros usuarios durante los periodos en los que los titulares del contrato principal no lo utiliza, permitiendo así conseguir interesantes condiciones en las cuantías de sus cuotas.

En todo caso, la cuestión trasciende, sin embargo, a la propia compañía. Si los consumidores empiezan a valorar cuánto les cuesta realmente disponer de un vehículo frente a cuánto tiempo en verdad lo utilizan, sin duda el terreno de competencia entre los distintos modelos de movilidad también va a cambiar más pronto que tarde.

Más allá de la propiedad

Los datos de Amovens apuntan precisamente en esa dirección. La encuesta ya revela que tan solo el 18,8% de los encuestados señala la propiedad como su modelo de movilidad preferido de cara al futuro. Y el 48,8% ya se decanta por combinar distintas soluciones de movilidad, mientras que otro 32,4% prefiere disfrutar de modelos de acceso puntual.

En todo caso, estos datos no significan que el automóvil en propiedad vaya a desaparecer. De hecho, el 62% de los propietarios declara utiliza su vehículo particular diariamente. Pero lo que sí que cambia es la percepción que tienen de que disponer permanentemente de un coche propio sea necesariamente la única forma de resolver las necesidades de movilidad.

El usuario puede mantener un vehículo en propiedad para sus desplazamientos habituales y recurrir al alquiler para necesidades puntuales. Puede contratar un renting para disponer de un coche durante varios años y evitar así tener que asumir determinados riesgos asociados a la propiedad. Igualmente puede optar por disponer de un vehículo en suscripción cuando valore especialmente la flexibilidad o utilizar un servicio de carsharing cuando la necesidad sea todavía más ocasional.

Todo ello hace que la frontera entre las distintas fórmulas se vuelve así más difusa desde el punto de vista del usuario, aunque sus modelos económicos y operativos todavía sigan siendo muy diferentes.

Una oportunidad para el renting

Para el sector del renting, el cambio tiene especial interés. La propuesta tradicional basada en pagar una cuota periódica a cambio de disponer de un vehículo, con determinados servicios incluidos, responde precisamente a una preocupación que gana peso entre los conductores: conocer y controlar el coste de movilidad.

Pero el nuevo escenario introduce una variable adicional: la capacidad de adaptar el coste a la utilización real.

El crecimiento del renting entre particulares muestra que el modelo ya no se limita al ámbito empresarial. Y la posibilidad de combinar la contratación de un vehículo con fórmulas que permitan aprovechar sus periodos de inactividad abre una vía adicional para diferenciar la propuesta.

No significa que todos los clientes vayan a querer compartir su vehículo. Pero sí que la utilización puede convertirse en un argumento comercial cada vez más importante junto a la cuota, los servicios incluidos, la duración del contrato y la flexibilidad.

El rent-a-car juega otra partida

El fenómeno también puede tener consecuencias para el alquiler de corta duración, aunque desde una lógica diferente. El rent-a-car no compite directamente con el renting: responde a necesidades de movilidad puntuales y trabaja con vehículos cuya utilización, rotación y gestión de flota responden a una economía completamente distinta.

Sin embargo, si una parte de los consumidores comienza a considerar innecesario mantener permanentemente un segundo vehículo o un automóvil destinado a usos ocasionales, el alquiler de corta duración también puede convertirse en una alternativa a la segunda propiedad, especialmente para períodos de vacaciones, viajes o necesidades concretas.

Por tanto, la evolución del comportamiento del usuario puede favorecer en un mayor número de ocasiones las opciones de alquiler sin que ello implique necesariamente una sustitución directa de la propiedad.

La suscripción y el pago por uso completan el nuevo mapa

La misma tendencia afecta a los vehículos por suscripción y a otras fórmulas de acceso flexible. Su propuesta responde a una demanda que no siempre busca comprar un automóvil para mantenerlo durante muchos años, sino disponer de él durante el periodo en que realmente lo necesita y reducir así los crecientes compromisos asociados a la propiedad.

 

Y en el extremo más flexible se sitúan el carsharing y otras modalidades de pago por uso, en las que el usuario ni siquiera necesita mantener una disponibilidad permanente del vehículo.

El mercado empieza así a estructurarse alrededor de distintas necesidades: propiedad para quien necesita disponibilidad permanente; renting para quien busca una utilización prolongada con mayor previsibilidad de costes; suscripción para quien prioriza flexibilidad; alquiler para necesidades puntuales y carsharing para usos todavía más ocasionales.

Modelos que además no tienen por qué ser necesariamente excluyentes, dado que un mismo usuario puede utilizar varios de ellos a lo largo del año.

De tener un coche a gestionar una necesidad de movilidad

El dato más significativo del estudio de Amovens puede estar precisamente ahí. El cambio no consiste necesariamente en que los conductores hayan dejado de querer coches, sino en que empiezan a cuestionarse cuánto tiempo necesitan realmente tenerlos disponibles y cuánto están dispuestos a pagar por esa disponibilidad.

El automóvil puede seguir siendo propiedad del usuario, pero su utilización puede compartirse. Puede contratarse en renting en lugar de comprarse. Puede utilizarse mediante suscripción durante un periodo determinado o alquilarse durante unos días. La tendencia apunta, por tanto, hacia un mercado en el que propiedad y uso dejan de ser conceptos inseparables.

Para los operadores de movilidad, la consecuencia es relevante: la competencia no se establecerá únicamente entre marcas o entre vehículos, sino también entre las distintas maneras de acceder a ellos. Y cuanto mayor sea la preocupación por el coste de mantener un automóvil y mayor sea la disposición a combinar soluciones, más importante será para cada modelo demostrar qué aporta al usuario en términos de coste, flexibilidad, disponibilidad y utilización efectiva del vehículo.

 

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