La operadora de servicios de movilidad, renting y gestión de flotas Ayvens aprovecha la temporada estival, en la que miles de pueblos de nuestra geografía celebran sus fiestas patronales, para recordar que no debemos bajar la guardia y que alcohol y conducción siguen siendo una combinación mortal.
Desde Ayvens se recuerda a los usuarios de automóviles en general y a los de sus vehículos de flota en particular, que casi la mitad de los conductores fallecidos registrados en 2025 fallecieron víctimas de un siniestro en el que el consumo de alcohol, drogas o fármacos estaban presentes.
Entre mediados de agosto y mediados de septiembre, España cambia de ritmo. Miles de pueblos y ciudades celebran sus vacaciones y acuden a fiestas patronales. Festejos en los que las plazas se llenan, las cenas se prolongan, las barras depeñas y bares se convierten en puntos de encuentro y el alcohol forma parte, con demasiada frecuencia, del paisaje habitual de estas celebraciones.
También es un período en el que se incrementan notablemente los desplazamientos por carretera, situación que provoca que bajo este escenario cobre especial relevancia el mensaje que Ayvens España reitera: alcohol y volante es una combinación que no admite medias tintas y hay que evitar por completo.
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La compañía de servicios de movilidad, renting y gestión de flotas del Grupo Societé Generale ha puesto en marcha una campaña de concienciación que utiliza un ejemplo tan cotidiano como aparentemente inofensivo como es el consumo de un simple tinto de verano. Una consumición que apenas tiene un coste cercano a los cuatro euros pero cuyos resultados pueden acabar resultar especialmente perjudiciales si nos ponemos al volante tras llevarla a cabo terminar convirtiéndose, en caso de accidente, y terminar teniendo muy graves consecuencias que, más allá incluso de las implicaciones y pérdidas personales (fallecidos y heridos de distinta consideración), pueden conllevar costes superiores a los 134.700 euros.
Casi la mitad de los conductores fallecidos habían consumido
La verdadera dimensión de este problema no reside en la elevada factura económica que provoca, sino en las vidas que por su causa se pierden y las graves lesiones que puede llegar a provocar.
Los últimos datos disponibles aportados por la Dirección General de Tráfico y el Instituto Nacional de Toxicología ofrecen una fotografía especialmente preocupante. En 2025, el análisis toxicológico de las victimas en accidentes de tráfico indica que de los 894 conductores analizados tras sufrir un siniestro vial, 446, aproximadamente el 49,9%, habían consumido alcohol, drogas o psicofármacos antes de sufrir el accidente.
Además, según dichos datos, el alcohol continúa siendo la sustancia más presente entre las víctimas de los siniestros de tráfico: El 32,4% de los conductores fallecidos que fueron sometidos a estos análisis había consumido alcohol.
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Son cifras que ayudan a poner en perspectiva el mensaje que Ayvens recuerda y quiere transmitir. Y este no es otro que detrás de cada desplazamiento que se produce después de una celebración no existe únicamente el riesgo de una multa, de perder puntos del permiso de conducir o de sufrir daños en el vehículo. Existe la posibilidad de provocar un siniestro que puede acabar con la vida del propio conductor o con la de cualquier otro usuario de la vía.
Y es que en todo momento y bajo ningún concepto podemos olvidarnos que, en 2025, se registraron en las carreteras españolas 1.119 fallecidos en 1.028 siniestros mortales, según el balance registrado por la DGT en vías interurbanas.
El problema empieza antes de alcanzar el límite legal
Uno de los aspectos que Ayvens pretende desmontar es la percepción de que una cantidad reducida de alcohol no tiene consecuencias relevantes para la conducción.
Según los datos de la DGT recogidos por la compañía, el consumo de 100 mililitros de vino puede generar una alcoholemia aproximada de entre 0,16 y 0,20 g/l en un hombre de 70 a 90 kilos y de entre 0,25 y 0,35 g/l en una mujer de 50 a 70 kilos. El problema es que los efectos que estas cantidades provocan sobre la conducción pueden aparecer antes de que el conductor perciba que ha perdido capacidad para conducir.
Alteraciones de la percepción, una peor valoración de la velocidad, mayor tolerancia al riesgo, incremento del tiempo de reacción y pérdida de precisión en los movimientos forman parte de los efectos asociados al consumo de alcohol.
Y ahí aparece una de las grandes trampas del alcohol al volante: el conductor puede sentirse perfectamente capacitado para conducir cuando sus capacidades ya están afectadas.
Un coste inasumible: 134.700 € por cuatro euros mal utilizados
Para visualizar las consecuencias, Ayvens recurre a simplificar la situación planteando un simple ejercicio económico de cómo —más allá de los posibles daños físicos que provocan en los humanos— repercute la mala decisión de conducir después de haber consumido alcohol en el bolsillo de los afectados.
Partiendo del coste de apenas unos cuatro euros que tiene un simple tinto de verano, la compañía del Grupo Societé Generale ha calculado las graves consecuencias económicas que un hipotético siniestro podría acumular. El resultado es la suma de los importantes costes que un siniestro bajo los efectos del alcohol podría acumular: unos 15.000 euros por daños directos en el vehículo, 90.000 euros por las lesiones ocasionadas al conductor de otro vehículo, 9.700 euros en gastos hospitalarios y otros 20.000 euros derivados de la necesidad de asistencia de una tercera persona por secuelas permanentes.
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En total, una suma mínima cercana a los 134.700 euros cantidad a la que también habría que añadir la derivada de las posibles consecuencias administrativas y penales que conlleva el conducir bajo los efectos del alcohol. Acción cuyas sanciones alcanzan los 1.000 euros y la pérdida de hasta seis puntos del permiso, además de que determinados niveles de alcoholemia o la conducción bajo la influencia del alcohol pueda conllevar además otras graves consecuencias penales y económicas..
Pero esta cifra de 134.700 euros incluso se queda corta para explicar el verdadero coste de un siniestro grave. Porque si bien una indemnización puede económicamente ayudar a compensar económicamente determinados daños, en ningún caso es capaz de devolver una vida o de eliminar las graves consecuencias personales, familiares y sociales que una muerte o una lesión permanente provocan.
Las fiestas no deberían acabar en la carretera
El calendario estival y “ferial” español hace especialmente oportuno el llamamiento de Ayvens. Durante estas semanas, las vacaciones y las fiestas patronales de miles de pueblos multiplican los desplazamientos de corta distancia que pueden producirse bajo los efectos del alcohol: de casa a la plaza del pueblo, de una localidad a otra, de la cena al concierto o de la celebración al domicilio.
Son trayectos que en muchos casos, precisamente por ser conocidos y habituales, pueden generar una falsa sensación de seguridad en los conductores. Desplazamientos de corta distancia que se llevan a cabo en carreteras y trayectos familiares en los que, dado que tenemos el coche aparcado cerca, siempre puede aparecer la tentación de pensar que “por una copa no pasa nada».
Sin embargo, los accidentes no necesitan de muchos kilómetros recorridos para producirse.
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Durante este verano, la DGT ha intensificado los controles de alcohol y drogas en las carreteras españolas. La campaña de vigilancia llevada a cabo durante este pasado mes de julio ha vuelto a recordar que el alcohol sigue teniendo un peso determinante entre los conductores fallecidos. El dato es incontestable: el 23% de los conductores fallecidos analizados presenta una tasa superior a 1,20 mg/l.
También es un problema de las flotas
El mensaje transmitido también debe tener una importante lectura adicional para las empresas con flotas y sus gestores: La seguridad vial no termina cuando el vehículo incorpora sistemas ADAS, conectividad o tecnología capaz de analizar el comportamiento del conductor.
Las empresas deben tener muy presente que una política de movilidad corporativa realmente eficaz también tiene que actuar sobre los hábitos y las decisiones de las personas que conducen los vehículos de empresa. La formación, la concienciación y las políticas internas de seguridad vial deben contribuir a reducir los posibles comportamientos de riesgo de los conductores, y el evitar por completo el consumo de alcohol antes de conducir debería ocupar un lugar prioritario dentro de ellas. El mensaje a trasladar es muy sencillo: si se va a conducir, el alcohol sobra.
Porque más allá de que un tinto de verano puede costar cuatro euros o de que un accidente pueda suponer costes superiores a los 134.700 euros, en el peor de los casos, puede llegar a costarlo todo.