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El ralentí, el coste invisible de la congestión: las flotas desperdician más de 1,5 millones de litros de combustible en las ciudades europeas

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Un análisis de Geotab revela que los vehículos conectados consumieron más de 1,58 millones de litros de combustible mientras permanecían inmóviles en el tráfico con su motor al ralentí durante 2025. El estudio concluye que el verdadero impacto económico de la congestión no depende únicamente de los atascos, sino del tiempo que los vehículos pasan con el motor en marcha sin avanzar.

La congestión urbana lleva años formando parte de la agenda de las empresas de transporte, los operadores logísticos y los gestores de flotas. Habitualmente, su impacto se mide en minutos perdidos, retrasos en las entregas o disminución de la productividad. Sin embargo, existe otro indicador que empieza a ganar protagonismo y que tiene una repercusión directa sobre los costes de explotación de los vehículos: el combustible que se consume mientras el vehículo permanece detenido con el motor en marcha.

Ese es el punto de partida del Índice Europeo de Eficiencia del Transporte Urbano de Mercancías, elaborado por Geotab a partir de los datos recopilados por su plataforma de vehículos conectados en Berlín, Ámsterdam, Dublín, Londres, Madrid, París y Roma durante todo 2025.

El análisis calcula que las flotas monitorizadas consumieron más de 1,58 millones de litros de combustible durante los periodos de ralentí provocados por la congestión. Con los precios medios del combustible registrados el pasado año, ese volumen representa un coste cercano a 2,6 millones de euros, aunque la compañía estima que, con el incremento del precio del diésel experimentado durante el primer semestre de 2026, esa factura superaría ya los 3,6 millones de euros.

No todos los atascos cuestan lo mismo

Una de las principales conclusiones del estudio rompe con una idea ampliamente asumida en la gestión de la movilidad: la ciudad con más congestión no siempre es la que genera un mayor consumo de combustible.

La diferencia está en la forma en la que circula el tráfico. Allí donde los vehículos avanzan lentamente, pero de manera constante, el tiempo con el motor al ralentí es reducido. En cambio, las continuas paradas y arranques provocadas por una circulación irregular incrementan notablemente el consumo de combustible, las emisiones y el desgaste mecánico.

Este enfoque introduce una nueva variable para evaluar la eficiencia del transporte urbano, ya que pone el foco no solo en la velocidad media de circulación, sino también en la calidad del flujo del tráfico.

Berlín, París y Madrid reflejan tres modelos de movilidad

Las diferencias entre las ciudades analizadas ilustran cómo la configuración urbana condiciona la eficiencia de las operaciones logísticas. Así, Berlín lidera el índice europeo gracias a una red viaria que distribuye el tráfico de forma más homogénea y reduce los cuellos de botella. En los vehículos pesados, el combustible consumido durante el ralentí representa el 8,5% del total, mientras que en los turismos asciende al 13,2%.

París ofrece un escenario muy distinto. Aunque los tiempos de desplazamiento son relativamente previsibles, los vehículos comerciales desperdician casi uno de cada cinco litros de combustible mientras permanecen detenidos, el peor resultado del estudio en este indicador. La configuración del Périphérique y la elevada intensidad del tráfico urbano penalizan especialmente las operaciones de distribución de última milla.

Madrid constituye uno de los casos más singulares del análisis. Aunque ocupa la última posición del índice global de eficiencia debido a la elevada congestión que soporta durante gran parte del día, el porcentaje de combustible consumido al ralentí por los camiones apenas alcanza el 2,8%, igualando el mejor registro junto con Roma. El tráfico avanza lentamente, pero rara vez permanece completamente inmóvil durante largos periodos. Esa circunstancia reduce el combustible desperdiciado en parado, aunque limita la posibilidad de reorganizar las rutas para evitar las horas punta, ya que la congestión se mantiene prácticamente durante toda la jornada.

La conectividad permite identificar costes que antes pasaban desapercibidos

Para Miguel Fayos, Associated VicePresident Solutions Engineering de Geotab, la congestión debe analizarse desde una perspectiva mucho más amplia que el tiempo perdido en los desplazamientos.

Cada minuto que un vehículo permanece detenido con el motor en marcha supone combustible desperdiciado, emisiones innecesarias y una pérdida de rentabilidad que, hasta hace pocos años, resultaba difícil de cuantificar. Gracias a la información proporcionada por los vehículos conectados, las empresas pueden conocer con precisión dónde se producen estos periodos de ralentí y adoptar medidas para optimizar recorridos, horarios o zonas de reparto.

Un nuevo indicador para medir la eficiencia de las flotas

La evolución de la telemática está cambiando la forma en que las empresas evalúan el rendimiento de sus operaciones. Si tradicionalmente los principales indicadores eran los kilómetros recorridos, el consumo medio o los tiempos de viaje, la información procedente de los vehículos conectados permite ahora incorporar nuevas variables relacionadas con la calidad de la circulación.

Reducir el tiempo que un vehículo permanece detenido con el motor en marcha no solo supone un ahorro económico. También contribuye a disminuir las emisiones, mejorar la productividad de las operaciones urbanas y optimizar el uso de unos recursos cada vez más condicionados por el aumento de los costes energéticos.

En un contexto de creciente presión sobre la rentabilidad del transporte y la distribución urbana, el ralentí deja de ser un dato secundario para convertirse en un indicador estratégico en la gestión de flotas. Porque, en muchas ocasiones, el mayor coste de la congestión no se produce cuando el vehículo circula lentamente, sino cuando permanece parado con su motor en marcha sin recorrer un solo kilómetro.

 

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