Geely Auto Group eleva un nuevo peldaño la batalla por reducir los tiempos de recarga de los vehículos eléctricos. El fabricante chino ha presentado Geely Smart Charging, una tecnología que combina inteligencia artificial, baterías de alta capacidad de carga y una infraestructura capaz de alcanzar hasta 2.250 kW de potencia, con el objetivo de acercar los tiempos de parada de un eléctrico a los de un vehículo de combustión.
En pruebas realizadas bajo condiciones reales de uso con vehículos equipados con la avanzada Shendun Golden Battery, Geely asegura haber conseguido pasar del 10% al 70% de carga en la batería en apenas 4 minutos y 30 segundos de conexión a un punto de carga, mientras que alcanzar el 97% de su capacidad desde ese mismo nivel de partida requiere de 8 minutos y 40 segundos. Según fuentes del fabricante chino, estos han sido los mejores registros conseguidos hasta la fecha en vehículos preparados para la producción en serie.
Más allá del dato de velocidad, la principal novedad de la propuesta también está en que Geely incorpora la inteligencia artificial al proceso de recarga para gestionar la temperatura y el proceso de carga con el fin de preservar la salud de la batería. Una cuestión especialmente relevante cuando las potencias alcanzan ya el nivel de los megavatios y la temperatura se convierte en uno de los principales condicionantes para mantener el rendimiento y la durabilidad de las baterías.
La IA anticipa la temperatura de la batería
El elemento central del sistema es el Xingrui PowerMind, un modelo de inteligencia artificial desarrollado conjuntamente por Geely Auto Group y la compañía china StepFun. Su función es coordinar el vehículo, la batería, el punto de carga, la nube, la red eléctrica y los sistemas de almacenamiento para adaptar la estrategia de recarga a las condiciones existentes en cada momento en cada uno de ellos.
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El sistema puede predecir la evolución de la temperatura de la batería con hasta 30 segundos de antelación y modificar dinámicamente la potencia de carga antes de que se produzcan incrementos excesivos de temperatura. Geely establece como objetivo mantener la temperatura media durante la recarga por debajo de 55 grados y limitar los picos a menos de 65 grados.
A esta gestión electrónica se suma un sistema de refrigeración líquida de cinco puntos, que actúa a lo largo de toda la cadena energética: desde la batería de almacenamiento de la estación hasta el propio paquete de baterías del vehículo, pasando por el poste, el cable y el puerto de carga.
El planteamiento es significativo porque el cuello de botella de la recarga ultrarrápida no está únicamente en la potencia que puede suministrar una estación, sino también en la capacidad del vehículo para recibirla y controlar el calor generado durante el proceso.
2.250 kW de potencia máxima
La quinta generación de la Geely Smart Charging Station alcanza una potencia máxima anunciada de 2.250 kW, claramente por encima de los 1.500 kW que ofrecía la última generación del sistema de carga ultrarrápida presentado por BYD. Sin embargo, conviene diferenciar la capacidad máxima de la infraestructura de la potencia que realmente puede admitir un vehículo.
En las pruebas de Geely, la batería Shendun Golden Battery alcanza una tasa máxima de carga de 12C y los vehículos utilizados —entre ellos el Lynk & Co 10 y el Zeekr 001— consiguieron los citados 4 minutos y 30 segundos para pasar del 10% al 70%. En una medición comunicada por Geely a partir de pruebas de CATARC, el Lynk & Co 10 llegó a superar los 1.093 kW de potencia de entrada, lo que ilustra la diferencia entre la capacidad de la estación y la que actualmente puede aprovechar el automóvil.
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Por tanto, los 2,25 MW representan sobre todo la capacidad futura de la infraestructura, mientras que el rendimiento efectivo continúa dependiendo de la batería, la arquitectura eléctrica, el sistema de refrigeración y la estrategia de gestión energética del propio vehículo.
La batalla ya no es solo por cargar más rápido
Geely pretende además responder a una de las principales dudas asociadas a los sistemas de carga ultrarrápida: su posible impacto sobre la degradación de la batería.
Para ello ha desarrollado una tecnología de restauración mediante micropulsos, destinada a actuar sobre los iones de litio acumulados en los electrodos negativos como consecuencia de la aplicación de ciclos repetidos de carga rápida. Combinada con la gestión inteligente de la recarga, la compañía afirma que puede incrementar hasta un 20% la vida útil de la batería. Se trata, en cualquier caso, de una cifra comunicada por el fabricante y que deberá contrastarse con el comportamiento de las baterías en utilización prolongada.
Para la recarga doméstica, Geely incorpora asimismo una estrategia de carga a baja intensidad destinada a reducir progresivamente los efectos asociados a las recargas rápidas repetidas y preservar las celdas durante su ciclo de vida.
Una batería de 6C para modelos más asequibles
La ofensiva tecnológica se completa con la nueva generación de la Ultra Short Blade Battery, orientada también a modelos de mayor volumen y precio más contenido.
Geely asegura que la nueva batería reduce en un 10% el calor generado durante la carga gracias, entre otras soluciones, a una tecnología propia de soldadura láser aplicada a las lengüetas y cubiertas de las celdas. Su tasa máxima de carga alcanza 6C, frente a los 12C de la Shendun Golden Battery destinada a las aplicaciones de mayores prestaciones.
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El movimiento resulta especialmente relevante para el automóvil de flotas. La progresiva reducción de los tiempos de inmovilización puede modificar uno de los argumentos que todavía condicionan la incorporación del vehículo eléctrico a determinadas operativas profesionales: la necesidad de planificar las rutas y los tiempos de recarga.
Pero el impacto real sobre el renting dependerá de que estas tecnologías puedan trasladarse desde las primeras aplicaciones de alta gama a vehículos de mayor volumen y, sobre todo, de que la infraestructura de megacarga tenga una implantación suficiente.
Geely no ha concretado todavía un calendario de despliegue europeo de su estación de quinta generación. Tampoco ha comunicado las condiciones en las que esta infraestructura estará disponible fuera de su propio ecosistema.
La recarga ultrarrápida entra así en una nueva fase: ya no se trata únicamente de instalar cargadores cada vez más potentes, sino de conseguir que vehículo, batería, infraestructura y red eléctrica trabajen conjuntamente. Para las flotas profesionales, donde cada minuto de inmovilización tiene un coste, esa capacidad de gestión puede acabar siendo tan importante como la cifra máxima de kilovatios que aparece en la ficha técnica.