El aumento del consumo de combustible, el mayor desgaste de componentes y la pérdida de eficiencia convierten las altas temperaturas en un nuevo e importante factor de coste para las empresas con flotas. La digitalización y el análisis de los datos que ofrecen los vehículos conectados de la flota permiten minimizar su impacto e, incluso, generar importantes ingresos mediante los Certificados de Ahorro Energético (CAEs).
Las olas de calor ya no representan únicamente un desafío para la salud de los conductores o para la seguridad vial. Cada episodio de temperaturas extremas tiene un reflejo directo en la cuenta de resultados de las empresas que gestionan flotas de vehículos, aunque en la mayoría de los casos ese impacto sigue pasando desapercibido.
El uso intensivo del sistema de climatización, el aumento del consumo de combustible, la pérdida de autonomía de los vehículos eléctricos, el mayor desgaste de neumáticos y baterías o el incremento de las averías asociadas al estrés térmico forman parte de una factura silenciosa que se repite verano tras verano.
Según diferentes estudios sobre eficiencia energética en el transporte, el uso continuado del aire acondicionado puede incrementar el consumo de combustible entre un 5% y un 20%, dependiendo del tipo de vehículo, la carga transportada, el recorrido y las condiciones del tráfico. En el caso de los vehículos eléctricos, la climatización también tiene un impacto relevante sobre la autonomía disponible, especialmente cuando las temperaturas superan los 35 grados.
El calor también dispara los costes de explotación
El consumo de combustible apenas supone una pequeña parte del problema. Las altas temperaturas obligan a trabajar con mayor intensidad al sistema de refrigeración del motor, reducen la vida útil de determinados componentes, aceleran el desgaste de los neumáticos —cuyo contacto con un asfalto que puede superar los 60 grados incrementa la degradación del caucho— y aumentan la probabilidad de sufrir otras numerosas incidencias mecánicas.
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A ello se suma un factor menos visible, pero igualmente importante: las pérdidas de productividad derivadas de averías inesperadas, retrasos en las entregas o vehículos inmovilizados, bien de manera inesperada, bien durante más tiempo del previsto.
Tomando como referencia una flota de 200 vehículos que recorran una media de 30.000 kilómetros anuales, el sobrecoste derivado del incremento del consumo energético, el mantenimiento adicional y el desgaste prematuro de componentes puede llegar a superar los 200.000 euros al año, una cifra que muchas organizaciones no incorporan todavía a sus indicadores de gestión.
«La mayoría de las empresas controlan su gasto en combustible, pero pocas analizan cuánto de ese incremento está provocado por factores externos como una ola de calor o por hábitos de conducción que pueden y deben corregirse», explican desde Mobilsafe.
Los datos, la mejor herramienta para combatir el calor
La creciente implantación de soluciones telemáticas está permitiendo a los gestores de flotas medir por primera vez el impacto real que tienen las condiciones climáticas sobre la operación diaria.
El análisis en tiempo real de parámetros como el consumo instantáneo de los vehículos en distintas situaciones, los tiempos de ralentí, la temperatura del motor, los patrones de aceleración o las rutas realizadas facilita la identificación de desviaciones y la aplicación de medidas correctoras antes de que el incremento de costes se consolide.
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Esta información también resulta útil para planificar mantenimientos predictivos, optimizar rutas, formar a los conductores en conducción eficiente durante episodios de calor extremo y reducir consumos innecesarios en los vehículos de la flota.
La eficiencia energética puede convertirse en una fuente de ingresos
Más allá del ahorro operativo que se puede alcanzar, la eficiencia energética que se puede desarrollar en los desplazamientos de las unidades conectadas de la flota está comenzando a abrir una nueva vía de rentabilidad para las empresas de transporte y distribución.
La puesta en marcha del sistema de Certificados de Ahorro Energético (CAEs) permite monetizar determinadas actuaciones que acrediten una reducción del consumo energético. En este contexto, disponer de datos fiables sobre el comportamiento de la flota se convierte en un elemento clave para cuantificar los ahorros obtenidos y facilitar su certificación.
Herramientas como las calculadoras de ahorro energético y de potencial de generación de CAEs permiten a las empresas estimar tanto la reducción de costes como los ingresos adicionales que podrían obtener gracias a la mejora de la eficiencia.
Un nuevo indicador para la gestión de flotas
Los expertos coinciden en que el cambio climático obligará a incorporar nuevas variables a la gestión de la movilidad corporativa. Del mismo modo que hoy se monitorizan el consumo, las emisiones o la siniestralidad, el impacto económico de las temperaturas extremas empieza a consolidarse como un indicador más de eficiencia.
En un escenario de márgenes cada vez más ajustados y costes operativos al alza, conocer cuánto cuesta realmente una ola de calor ya no es una curiosidad estadística. Es una información estratégica que puede marcar la diferencia entre una flota eficiente y otra que pierde rentabilidad sin ser consciente de ello.
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Precisamente para analizar este fenómeno y mostrar cómo cuantificar su impacto económico, Mobilsafe va a celebrar este próximo jueves 16 de julio un webinar en el que presentará casos prácticos, herramientas de monitorización y soluciones para transformar los datos de la flota en ahorro energético y nuevas oportunidades de ingresos mediante los CAEs.